POR: JIMENA FUENTES

Hasta donde yo se y por lo que conozco, me toco jugar a ser el sujeto externo en el mundo. Todos aquí desempeñamos un papel, somos marionetas sujetas al destino que se nos tiene preparado justo hasta antes de nacer. Ya somos piezas clave de un plan que desconocemos pero que pretende alcanzarnos mientras fluimos con la vida misma. Es irrefutable que los destinos sean diferentes; desconocidos, pero llenos de intriga, misterio e incertidumbre. Es increíble la cantidad de vidas que hoy en día nos encontramos participando en diferentes roles en cada una.

Se me ha privado, o mejor dicho, me he privado de compañías, sensaciones y vidas en las que podría encajar, pero prefiero la felicidad de mi especie, pues encuentro más dicha en analizar lo que sucede; todo me parece un guion en el que los diálogos no concuerdan con la cabeza de cada uno de nosotros, pero todos nos vemos obligados a seguir las líneas. Se respira el miedo a no encajar en la sociedad desde sus inicios, a terminar solos, a no ser suficientes y revolotean estas ideas sin finalidad alguna y con acción impermeable. Está dicho que somos seres sociales por naturaleza; pero ¿Hasta donde esto es cierto? Venimos al mundo solos y terminamos de la misma manera; pregunto yo: ¿Será una mala idea la mía querer comprender algo que me convertirá en el Albert Camus de una historia extranjera? No tiene nada de malo querer desentrañar una duda que igual me llevará a la misma situación en la que me encuentro justo ahora, pero si puede pasar algo peor; que me convierta en una persona cuya vida terminará sin tener sentido.