CELIDA CAMACHO

A veces las prisas no nos permiten detenernos a pensar. Y digo a veces porque en el pasar de los días, existen segundos, pequeños instantes que nos permiten conocer cada uno de nuestros pensamientos más profundos; son esos breves instantes donde mi mente lo recuerda a él… a él, que le dediqué cada día de mi vida mientras estuvimos juntos, y unos cuantos más sin estarlo. A él, al que iban dedicados cada uno de mis pensamientos y sueños. A él, al hombre que me enseñó que a veces la vida también juega con nuestros sentimientos. A ti, AL HOMBRE QUE NO SUPO QUERERME…

Al hombre que no supo quererme no me queda más que agradecerle. Agradecerle que, gracias a él, supe que puedo llegar a querer intensamente ¡Y qué bonito querer así! Porque dudo exista una mejor manera, pero, sobre todo puedo quererme y valorarme a mí misma como a nadie más en este mundo. Y es que al final de cuentas no pierde el que da amor, pierde el que no sabe recibir. Al final de cuentas, me sales debiendo mucho… mucho amor que no supiste recibir y no te juzgo, tal vez hasta tu sabias que no te lo merecías.

Al hombre que no supo quererme ¡GRACIAS! porque me dejó libre… Libre para que el destino me ponga a prueba una vez más y sepa que esta vez sí aprendí la lección. Para que la vida me califique la valentía de creer más en las acciones que en las palabras.

Al hombre que no supo quererme ¡SUERTE! Porque un corazón roto como el mío… sana; pero un corazón de piedra como el suyo… lo dudo.