JOAQUINA ALDRETE NORIEGA

La vida nos va poniendo distintas pruebas, algunas fáciles y otras difíciles; en las cuales uno decide si se derrumba o sigue para adelante.
Los momentos de crisis son donde nos damos cuenta de quienes somos, de lo que estamos hechos y nos vemos ante la oportunidad de reinventarnos y empezar de cero para así dar un gran salto y empezar a volar por así decirlo.

Desde chiquita siempre soñé con poder volar y lo increíble que sería tener un par de alas y poder despegarme del piso y volar por el cielo.
Conforme fui creciendo decidí que al no tener alas físicas, tendría que aprender a volar sin alas.

Aprendí a volar sin alas el día que me sentí perdida, estancada en un lugar que no me estaba haciendo crecer, que me estaba restando en vez de sumarme, y me di cuenta que uno aprende a volar sin alas en diferentes momentos de la vida, en los que decidimos cortar las cosas que nos atan para abrirnos al cambio y a los momentos de felicidad absoluta en los que se deja de sentir el suelo bajo los pies.

Cuando entendí que el miedo te ata, frena y no te deja crecer, ese día me regalé las alas imaginarias más bonitas del mundo, empecé a creer en mí, salté y emprendí un vuelo lejos de las cosas que no cuadraban en lo que quería en mi vida.

Empecé a volar el momento en que salí de mi zona de confort,  porque en ese instante choqué de frente con las cosas que me apasionan y hacen vibrar mi alma.

Aprendí que a veces la vida nos pone pruebas y nos lleva a un destino de transformación y crecimiento personal.

Entendí que mis alas son el quitarme el miedo y cumplir mis metas, valorar lo que me hace especial y usarlo a mi favor; ponerme retos y aprender cosas nuevas todos los días, aprender de mis errores y defectos para crecer como persona en lugar de auto sabotearme, logrando cambiar el no puedo por un sí.
Sobre todo aprendí que mis alas están en mis sueños, porque los sueños alimentan el alma y enriquecen el espíritu; al querer a los demás con todo el corazón, al dar sin recibir nada a cambio y sobre todo al reír, llorar, sentir y ser feliz mientras vivo.