ANA FUENTES

Aquí en Jordania los fines de semana son viernes y sábado. Los viernes, es como nuestro domingo, el día que casi nadie trabaja, cuando los creyentes asisten a la mezquita, si no lo hacen diario y los sábados algunas gentes trabajan, otras no, algunos medio día.

Una amiga me estaba preguntando acerca de cómo es esto de la mezquita, del rezo y tal. Yo la verdad es que veo, miro y pregunto, aún desconozco mucho, pero hay cosas que me llaman mucho la atención, por ejemplo los lavados que acompañan el rezo. Los musulmanes para rezar necesitan haber hecho un lavado ritual. El leve, se llama wudoo y consiste en lavarse la boca por dentro tres veces, la nariz por dentro tres veces, aspirando agua y expulsándola con fuerza, luego lavarse las manos tres veces incluyendo los brazos hasta el codo, la cara hasta la línea del pelo una vez, incluyendo  meter los dedos a las orejas, los pies tres veces. Una vez así lavados, pueden rezar, las mujeres cubiertas de modo que solo se vean cara y manos. Si la persona va al baño, se duerme (de modo que pudiera perder la compostura y expulsar algún gas, aunque de manera inconsciente) o tocara a alguien del sexo opuesto que no sea su cónyuge o su hijo o padre, tendría que repetir el wudoo. Se tiene que hacer con agua limpia. Si no hubiera agua disponible, se puede hacer con arena (supongo que esto viene de los tiempos del desierto), o solo hacer como que uno se lava. Si ha habido “impurezas grandes”, como actos sexuales, menstruación o sangrado de postparto, hay que hacer un baño completo, que se llama ghusl, que incluye lavar los genitales, echar agua sobre el pelo y la cabeza y todo el cuerpo, además de todo el numerito del wudoo.  En muchos sitios públicos además de las mezquitas, como tiendas departamentales, complejos de oficinas, salones de fiestas, hay cuartos de lavado para hombres y mujeres- por si ya venían lavados y se les escapó un gas, por ejemplo- y cuartos de oración, donde uno después de lavarse, deja los zapatos fuera, porque va a entrar a un lugar sagrado, y entra y reza. Lo de los zapatos también se hace en las casas, con el mismo significado y yo creo que también con el sentido práctico de no meter polvo a la casa. Como esto es muy desértico, hay muchísimo polvo y por más que te sacudas los pies, los zapatos siempre están llenos de polvito fino. Si fuera práctico también me los quitaría para subirme al coche. Aparte del lavoteo este, aquí son grandes aficionados del bidé y la manguera de presión tipo karcher junto al excusado, para tener siempre bien limpias las pompas. En todos los baños, por humildes que sean, hay una manguera para lavarse o una jarra tipo ánfora para poderse enjuagar. Igual no hay papel o con que secarse, pero seguro se lavan.

Para el baño normal no son tan rigurosos. Hay quien se baña diario y quien no, como los europeos. De hecho, cuando sales y se ve que te acabas de bañar o lavar el pelo, te dicen “Naíman”, que he preguntado, y es una referencia al paraíso, como para decirte, qué rico que te bañaste. Yo creo que en estos lugares donde el agua era un lujo, el baño también lo era y se les quedó la tradición de tomarlo como tal, que la verdad si lo es, bañarse es una delicia, y más cuando el clima es extremoso. Ya en plan de lujos de baño, hay también aquí muchos baños turcos y si te quieres consentir, son toda una experiencia. Hay que llamar, porque hay horas en que atienden a mujeres y horas para hombres, o lugares que son unisex, pero ooooobvio, tienen instalaciones separadas. Una vez organizado, te presentas y te pasan a un vestidor donde dejas tu ropa en un locker. No te desnudas del todo, te pones traje de baño o te quedas en ropa interior. Primero te pasan a un jacuzzi un rato, después te dan un smoothie de agua de Jamaica con jugo de granada para rehidratarte y te meten al vapor. Una vez que tienes los poros abiertos y estás bien relajada, te pasan al área de baño propiamente. Esto es como unos asientos de mármol por los que pasa debajo agua tibia, donde unas señoras, armadas de jabón y zacate te dejan rechinando de limpia, luego te pasan a otro lugar donde te preguntan si también te lavan la cara y la cabeza, yo a todo dije que si. Si quieres, también te pueden dar masaje con aceites perfumados. Te recuestas en una plancha de mármol calientita y te dan un masaje delicioso, mientras te tomas otro smoothie menos frío, de lo mismo. Casi le pido matrimonio a la señora que me dio el masaje. Era buenísima. Después, te dejan que descanses un rato y te pasan al sauna, con un agua de jamaica con jugo, ya sin hielo. Te van templando de a poquito. No es raro que haya grupos de familiares y amigas que van en despedida de soltera, lo que es muy divertido. Ya al final, si quieres te puedes bañar en regadera normal, secar el pelo y no te dejan salir así sin más, no te vayas a enfriar, te invitan a sentarte un rato y tomar té antes de irte. Te sientes descansada, limpia hasta las raíces y completamente fresca. A mi me encantó.

Este fín de semana, Alaris tenía que ir a Madaba a recoger a unos franceses y llevarlos a Petra y luego a Wadi Rum. Yo había quedado con una mujer que tiene una fundación de mujeres refugiadas de ir a dar un taller de reciclado de plásticos en la frontera con Siria, donde vive la familia de Alaris, por lo que pregunté si me podía quedar en casa de sus papás. Esto se lo aprendí a una paisana, Lore Rayo, que organizó en México ahora con lo del temblor un grupo para tejer esteras de plástico para los damnificados. Se llama Tejiendo Tapetitos, búsquenla en Facebook, vale la pena su iniciativa, y aquí está teniendo mucho éxito porque por un lado hay un problema enorme de plástico y por otro, muchas mujeres que no encuentran que hacer.

Los papás de Alaris me dijeron encantados que sí. El señor se ofreció a ir por mí a Amman y todo. Me negué. No hacía falta, podía ir en camión sin problemas y no quería dar lata. Más fácil dicho que hecho, pues de mi casa hay que tomar un pesero a la estación de camión, y en viernes no hay muchos. Ya ahí, hay gritones, como en México que “cantan” el destino del camión para llenarlo. Me subí al que iba a Irbid y esperé a juntar quórum. Había quedado de llamar a Baba al salir de Amman. También esto tenía sus dimes y diretes, ya que Baba es un encanto, pero su inglés se limita a decir OK, y mi árabe, sobre todo por teléfono- sin gestos que puedan ayudar-, es bastante limitado. Le llamé y noté que se angustiaba porque me contestó una andanada de árabe rapidísimo, lo noté un tanto ajigolotonado. Traté de explicarle que apenas iba en el camión, que iba a tardar hora y media en llegar a Irbid, que no se preocupara. Me colgó y a los dos segundos me llamó Alaris. Obvio, su papá le habló directamente para ver si nos entendíamos de una vez. Le expliqué como estaba la movida y el le volvió a llamar a su papá. Me dijo que cuando me faltara como media hora para llegar le volviera a llamar a Baba, para que el saliera de su aldea, para recogerme en Irbid. Por más que les dije que yo me organizaba para llegar, no quisieron oír de razones y así le hicimos. El camión hizo varias paradas por el camino para subir y bajar gente, tipo pesero. Llegando a Irbid había un tráfico bárbaro, había varias bodas, había habido partido de futbol, que el equipo local había ganado y la gente estaba como loca festejando. Total, llegué a la estación y ahora para encontrar a mi suegro, a ver como hacíamos. Le llamé y otra vez creo que no me entendió. Le entendí que estaba en un estacionamiento frente a la estación de camiones JET, yo había llegado a otra un poquito más adelante y le dije que me esperara ahí, que yo iba. Otra vez, se angustió. Hicimos una llamada de cuatro teléfonos entre Alaris, su papá, su hermana y yo y finalmente dimos unos con otros y nos vinimos al pueblo.  Mi suegro es encantador hoy en día, se ha suavizado con los años me dicen. Fue militar- personal antibombas- y le tocó ir a Croacia durante el conflicto de los Balcanes y la guerra de Kosovo. Aquí hizo su servicio acuartelado en la frontera junto a los altos del Golán, donde convergen Israel, Siria y Jordania, muy poco tiempo después del conflicto armado, o sea que le tocó buscar y desactivar minas y bombas a puro valor. Crío con puño de hierro a sus 10 hijos, cuando estuvo en casa y creo que la palabra operativa fue puño, repartía sopapos seguido, no conocía otra manera, pero hoy en día es un pan. Su esposa, Umi,  es amorosísima y muy chambeadora. Hace conservas, cosecha verduras, hace jabón artesanal, cocina delicioso, es una abuela espectacular y para acabarla tiene madera de santa. Me tiene echado el ojo como proyecto de entrada al cielo. Dice el Islam que aquel que convierta a un infiel tiene garantizado el paraíso y ella me ve y le brillan los oclayos.  Yo digo que con haber educado a 10 hijos tiene para un pase rápido, pero ella no se lo cree. En mi tiene muy mala apuesta, porque de por sí soy descreída con la fé en la que nací, y ni de broma voy a andarme apuntando a otra que requiere traje de carácter.  No sé si siempre fue dada a la beatitud o se fue haciendo. Me parece más esto último porque hay fotos de ella de finales de los setentas con pantalón acampanado y melenita como de ángel de Charlie, donde no se ve tan mocha. Hoy en día, la única travesura que se permite es irse de Omra, que es la peregrinación religiosa a la Mecca y Medina, cuando se hace fuera de la temporada grande, y que con la cosa de que es una obligación religiosa, ve como algo no tan grave y aprovecha para orearse, salir de paseo con amigas y eso. Es su único lujo, que se permite cada algunos años y para ella es “andar de chiva loca”.

Quedarte en su casa requiere un estómago como de luchador de sumo, te dan de comer desde que llegas, sin parar, todo delicioso siempre.  Su casa es muy sencilla, al estilo tradicional, los muebles son cojines en el suelo donde te sientas o te recuestas y en la noche esos mismos cojines se cubren con mantas y se acomodan por distintos lugares para hacer camitas , o sea que no hay fijón de cuánta gente se queda. Siempre hay sitio, y siempre te hacen sentir bienvenido y no importa si te quedaste un día, un rato o una semana, cuando dices que te vas, te preguntan ¿Poooor? Con cara de terrible tristeza y tratan como pueden de convencerte para que no te vayas.

Además de el taller que vine a dar, tenía ganas de llevarme de aquí unos nopales. Resulta que aquí en el pueblo hay muchos, pero nadie los come. Los usan de adorno, de barda y las tunas si las comen en temporada, pero las hojas no. Ya una vez hice la prueba, para ver si eran como los de México. Corté unas hojas tiernitas y las preparé a la mexicana y todos me miraban como, ahora sí, la mujer de Alaris perdió la razón definitivamente. Pues si están buenos. Entonces esta vez traje de Amman unos guantes de hule para no espinarme, un cuchillo filoso y una bolsita resellable para llevarme mis nopales para mi casa, muchas gracias.

Me tocó por primera vez en un año, ver llover. Una chispeada de dos segundos, pero llovió. Yo siempre viví en el DeFectuoso, donde según mi mamá llueve de Mayo a Septiembre, pero yo digo que entonces es cuando llueve como para sacar el Arca, pero el resto del año también llueve, suficiente para ensuciar el coche, para mojar lo que hayas dejado afuera o para que si hiciste una fiesta afuera y te rifaste sin carpa, lo pases muy mal y necesites tomarte un par de tequilas medicinales para el susto, y le ofrezcas cientos de huevos a Santa Clara, además de clavar toda tu cuchillería en el jardín.  Después de eso, al llegar a vivir aquí, a Alaris le daba por sacar el módem del internet por la ventana de nuestro departamento porque así tenía mejor recepción y se partía de risa cuando yo lo metía en la noche “no le vaya a llover”. Aquí solo llueve en invierno y si bien nos va. El invierno pasado cuando estuve, me tocó un frío de pastorela, pero no me tocó ver llover. Debe haber llovido cuando me fui porque cuando volví en primavera todo estaba verde y había flores, pero esto es una suposición.  Ahora sí, vi llover finalmente. No se si cuando llueva con algo de sustancia suceda como en Torreón, que como también llueve de vez en nunca, no hay drenaje pluvial y se arma un desaguisado terrible. A ver qué pasa.

El taller, no se que tanto éxito tenga a la larga como proyecto sustentable y como propuesta ecológica para lograr que las bolsas de plástico no terminen en los campos, pero de que lo pasamos bien, no quedó duda. Las mujeres aquí son de risa fácil y aunque por el atuendo parecen muy tímidas o cerradas, no lo son. Me llamó la atención que aunque estábamos puras mujeres en un espacio cerrado, ninguna se descubrió la cabeza como lo hacen en sus casas, solo yo andaba con el pelo destapado. Iman, la señora que organizó, también está organizando una carrera de 5 kilómetros en un par de días, en conjunto  con USAid y la embajada de Estados Unidos, en beneficio de las refugiadas. O sea que en tres días voy a volver para correrla. Ya les contaré.

Salam!