ANA FUENTES

No sé si hayas oído esta expresión. Si eres fan de Queen, en Bohemian Rhapsody, por lo menos, seguramente. Significa, en nombre de Dios. Es una expresión que usan los musulmanes para todo: antes de comer, antes de prender el coche, antes de casarse, antes de entrar a su casa, antes de cualquier oración empiezan con Bismillah Irahman Irahim (En nombre de Dios el Todo Misericordioso) y así empiezan los comentaristas a narrar los partidos de futbol. No es broma.

Empiezo este escrito así, porque quiero poner mi puntito en contra de la gran campaña de desprestigio que hay en contra del Islam en el mundo y que resulta en actos tan despreciables como lo que sucedió recientemente en Nueva Zelanda. No me gusta ni repetirlo, pero en breve: a la hora del rezo, hubo dos ataques simultáneos en dos mezquitas y mucha gente fue baleada, habiendo muertos y heridos. ¿Porque? Por nada. Por el odio que el hombre es capaz que demostrar hacia otros hombres por diferencias de fe. Un odio basado en el miedo y sobre todo en la ignorancia.  Fomentado por intereses de los que conviene que crezca este odio para justificar agresiones políticas y despojos a distintos pueblos con fines económicos.

Tengo que confesar que yo tenía los prejuicios que la mayoría de la gente tiene en contra de los musulmanes y los árabes en general. Y hasta más. Como lectora insaciable, y obsesa, leí miles de novelas y documentales acerca de las injusticias perpetradas en países shiitas a las mujeres. Leí los Versos Satánicos de Salmán Rushid, por aquello de “que no le cuenten que no le digan” y no estoy de acuerdo en que el Ayatollah mande matar al autor, pero sí me parece una falta de respeto terrible y si alguien hubiera hecho una parodia así de la Biblia, me imagino que no se hubiera pedido su cabeza, pero si hubiera habido indignación igualmente.

Había oído las mismas noticias que tu. Visto las mismas películas: vi a Sally Fields llorar por su hija robada, leído sobre las princesas secuestradas y muertas en Arabia Saudita, leí a Malala y le tenía un sano miedo a los árabes.

¿Y qué crees? Donde pega más fuerte la vida es en la boca. Vivo en un país musulmán, casada con un musulmán y mi familia adoptiva y la mayoría de mis amigos y amigas son musulmanes. Y he visto algo completamente distinto.

He visto gente que vive la caridad de verdad, que se quita el pan y la ropa de encima para compartir. En un país donde a la mayoría de la gente no le sobra mucho, a nadie le falta todo, pues todos comparten lo que tienen. He visto, que se antepone a Dios en el pensamiento de la gente siempre, no como un ser castigador, sino como un ser de amor y lleno de misericordia. He visto una devoción tal, que hay mucha gente que tiene callos en la frente como los que tienen en los codos los perros que se echan en pavimento (no es cotorreo, se lo enseñé hace poco a una turista y hasta le quería tomar una foto al dueño de un bazar y su callo), de poner la frente en el suelo varias veces, cinco veces al día para alabar a Dios y mantener la dirección en su vida.  A nadie le he visto  callos de rezar en las rodillas o las manos. Ni aún entre monjas o curas, ahora no me he dado a la tarea de verle las rodillas a las monjitas, seguro tienen.

He visto mezquitas lujosísimas y gigantescas y mezquitas mínimas y sencillísimas en pueblos remotísimos. He visto gasolinerías con mezquita. Porque no? Llene su tanque, pase al baño y pase a rezar un poquito, no está demás, servicio completo.

He visto traileros frenados a media carretera con su alfombrita en el acotamiento rezando con la frente en el suelo.

De esta gente, a la que se llama fanática e intolerante, he recibido respeto. Si muchas invitaciones a pertenecer al Islam, pues no conciben la vida de otra manera, pero respeto al ver que soy diferente. Tolerancia y aceptación. No solamente hacia mí. En Jordania hay un pequeño porcentaje de Cristianos y cada quién hace lo suyo en paz.

Veo en las calles letreritos que pone la gente con expresiones que dicen “Dios es enorme”, “En nombre de Dios”, “Gracias a Dios”, “Dios es uno”, “Alabado sea Dios”, por nada y por todo. Para recordarse y recordar a otros agradecer a la vida y estar cerca de su espiritualidad. Cada quién tiene su modo de matar pulgas, pero no le veo que le hagan mal a nadie con su manera de ver la vida. Y mucho menos que merezcan ser juzgados o exterminados.

No se me olvidan otros actos horribles que se han achacado a grupos Islámicos. No es justo que paguen justos por pecadores. No sé a que fe o grupo étnico pertenezca el causante de este último acto, pero ¿se va a culpar y juzgar a todo un gran grupo, toda una nación, toda una religión o toda una etnia en base a eso? No debiera de ser.

He visto gente con el corazón roto al ver estos sucesos y que lejos de llenarse de odio, rezan por los muertos y heridos y por los agresores.

Amanezco todos los días junto a alguien que dice cada día al levantarse: Alhamdulillah, gracias a Dios, por un día más, por verme en su casa, por tener trabajo, por tener salud.

Un Pray for New Zealand con fotos de lágrimas en el Facebook como se hizo el Pray for Paris, no cambia nada tal vez, pero la solidaridad entre seres humanos y el detener la ignorancia que hace que sigan sucediendo estas cosas si hará una diferencia.  Infórmate e informa a los tuyos. Es mucho más importante aprender a ser humano que aprender 3 idiomas y 4 niveles de cálculo. Invierte algo en ti como persona y en hacer una diferencia en tu ambiente en la gente que tienes alrededor. En crear un mundo más lleno de tolerancia y humanidad, para todos los géneros, todas las etnias y todos los credos. Nos urge como humanidad comenzar a limpiar nuestro entorno. Limpiarlo de basura física, pero también de basura ideológica.