ANA FUENTES

Checa el guión de esta película:

Plano general de un pasillo en un departamento en donde una mujer va de un extremo a otro del mismo. Ella parece no traer nada de ropa, a excepción de unos guantes de polietileno. Va de una tapa en la pared llena de tubos y válvulas hacia unos interruptores en la pared y luego a un baño que la cámara no alcanza a ver. Cada vez se ve más angustiada y camina más deprisa. ……

Regresemos a la mañana de ese domingo para entender algo acerca del desfiguro.

La protagonista de la historia, después de bañarse sale a dos citas de trabajo y después va a hacer unas compras y cosas de casa, y se va al gimnasio. Regresa como a las 5 pm y decide que sería una buena idea pintarse el pelo. Busca los trebejos necesarios, se pasea por la casa viendo que va a cocinar, organiza unos pendientes mientras pasa el tiempo de la pintura y por supuesto que nunca se acuerda que por la mañana, antes de salir, apagó la caldera que calienta la casa, pero que también calienta el agua para la regadera. Changos! La conciencia ecológica de no gastar combustibles no renovables a lo menso, aunada a también la ahorratividad, porque un tanque de Diesel no es así como que regalado, están muy bien, pero también hay que ser previsor si va a haber doble baño.

Cuando es casi hora de enjuagarse el pelo, se acuerda del detallito y prende la dichosa caldera.  Mientras se quita la ropa, con complicada maniobra para que nada pase por la cabeza pintada y tras la actividad circense, se dispone a bañarse por segunda vez.

El estúpido cambio climático este año ha traído en Medio Oriente un invierno muy frío acompañado de lluvias torrenciales, nevadas y granizadas que cuando ya creemos que terminan, vuelven para que no se nos olviden. Por lo tanto, el agua de la cisterna está más fría que la nariz de un perro y claro que el boiler no ha tenido tiempo suficiente para calentarla.

He ahí el porqué de las carreras. El dejar la pintura mas tiempo no es opción a riesgo de quedar con un color sospechosísimo o de plano quedar con un look como de cabeza de rodilla y bañarse con agua helada con este clima y saliendo de una neumonía, resultante del mismo frío horroroso, ni de broma. Las carreras eran para ver si de casualidad la triste hora de sol había hecho que el calentador solar de la azotea tuviera algo de agua caliente. Cambio de sistemas, cambio de válvulas, a ver si tenemos suerte. Al abrir la regadera el agua friísima de antes cambió por un agua como del polo sur, helada, porque la anterior por lo menos había pasado por la caldera un instante y esta no. Pero un par de minutos después: éxito!  Los páneles solares si habían cumplido con su trabajo y se solucionó el asunto con un resultado favorable antes de que hubiera desastres estéticos que lamentar.

Hace poco más de un año tuve un accidente y me tuvieron que coser un poco la cabeza. Me raparon unas partes y el pelo, entre el estrés y las cicatrices, decidió no salirme más. Ya me había resignado a que la alopecia era el menor de mis problemas, dado que tuve una conmoción cerebral fuertecita que me provocó depresión y dislexia entre otras shuladas. La calvicie me venía guanga, si bien no era mi máximo. En eso estaba cuando fui de visita a mi México y mi tía Sayara (voy con la historia) me regaló unos shampoos. La tía Sayara es de lo más detallista y siempre nos anda regalando en Navidad algún detalle muy pensado. Ese año decidió regalarnos a toda la parentela unos shampoos para la caída del pelo que usaba su hijo. Dijo, y con razón, que todo mundo siempre quiere más pelo. Pues yo sin ninguna esperanza los use mientras estuve en México, a tres meses de estar pelona, pensando que así me iba a quedar, pero en vez de comprar otro shampoo en el súper, usé esos. Y zas! Que me sale pelo. Y zas, que cuando se me acabaron no se me cayó, no era una poción hormonal ni mucho menos.  Pues no quería quemarme ahora con el tinte el pelito nuevo por dejarlo demasiado tiempo.

Voy con la historia de porqué se llama Sayara.  Sayara en árabe significa coche. Su nombre se parece a coche en otro idioma. Las tías de la familia muégano son muchas, y para los desconocidos son muy parecidas. En realidad no lo son, pero pasa como a alguien que no tiene costumbre de ver orientales, que de pronto se ve en un grupo de chinos y dice que todos son idénticos.  Pues la familia muégano así. De trancazo nos vemos todos muy parecidos. Al pobrecito Alarís, que tenía poco tiempo para conocerlos y los conoció a todos de sopetón, cualquier truco para acordarse le venía bien, además de que muchos de los nombres mexicanos, le parecían difíciles de recordar, pues no le hacían ningún sentido. Lo entiendo perfecto, me pasa igual con muchos nombres árabes. Hay un cuate que trabaja con nosotros , que nadamás no puedo decir su nombre. Horrible historia. Le digo “Maestro” cuando le hablo, porque no me sale su nombre. Lo bueno es que Alarís comprende que mi cabeza es un laberinto muy extraño y comprende y disfruta mi locura particular y hasta la comparte. Creo que solo el y Francisquito mi hijo comprenden los enredos de mi mente para ponerle nombres e historias a la gente y a las cosas y cachan al vuelo todos mis desvaríos y hasta los hacen suyos. Por tanto, mi pobre tía, pasó a llamarse Sayara.

Así pues, la película tuvo final feliz. El pelo que le debo a la tía Sayara quedó en su sitio, sin canas y todo correcto, pero a ver si aprendo a checar que la caldera esté prendida antes de necesitar bañarme de urgencia.

 

Salam!