ISABEL GÓMEZ AGUADO

No cabe duda de que es necesario educar a la mirada; pues para producir belleza hay que contemplar belleza. Esa es una lección que aprendí de la diseñadora venezolana Carolina Herrera, quien ha declarado que desde joven se acostumbró a ver cosas bellas.

Esta semana de la moda en Nueva York hubo mucho de qué hablar. Uno de los temas principales: la diseñadora deja la dirección creativa de su propia firma para convertirse en embajadora internacional.

Ahora que se marca un nuevo rumbo en la historia de la moda, es necesario declarar que esta mujer es un ícono que ha empoderado a las mujeres desde el primer día en que inició su carrera en esta industria en 1981, a los 42 años.

Con casi 37 años de trayectoria, Carolina Herrera nos ha demostrado que la moda no se queda en lo superficial, sino es un reflejo de lo interno. Su principal objetivo siempre fue dar confianza y seguridad con la refinada elegancia que siempre destaca en sus diseños.

La historia de la mujer cambia día con día, y el trabajo de esta icónica diseñadora la acompaña. Para su última colección, se despidió abriendo su show con un homenaje a su propio estilo personal: una elegante blusa blanca con falda negra. A pesar de los cambios en las tendencias, su estilo permanece intacto, moldeando a la mujer moderna y empoderada.

Faldas de distintos colores, alegres estampados, deslumbrantes vestidos de noche y elegantes plumas fueron algunas de las cosas que pudimos apreciar de esta temporada.

Cada diseño y cada detalle de esta última temporada fueron pensados para reflejar a la mujer que lo porta. Pues ese es el verdadero propósito de la moda, ¿no? Más que poseer un simple objeto de valor, es moldearnos en las mujeres que queremos ser; es hacer de nosotras mismas una obra de arte. Y Herrera, ¡qué bien ha hecho una obra de arte de sí misma!