ANA FUENTES

Lo que nosotros vemos como colores no son sino distintas longitudes de onda de luz reflejadas por los objetos. Además de que se ven lindos, sirven como medios para llamar a atención en la naturaleza, por ejemplo los plumajes coloridos de ciertos pájaros les sirven para encontrar galana, si bien también ponen en riesgo su pellejo, las flores atraen a los pájaros y los insectos para que se lleven el polen de una planta a otra y haya variación genética y nos sirven como modo de distinguir ciertas cosas.

En mi familia, es muy común el daltonismo, es decir la incapacidad para distinguir algunos o muchos colores. Esto generalmente sucede en hombres, ya que los genes que codifican para los receptores en los ojos que registran las variaciones en la luz que vemos como color, están ligados al cromosoma X, de tal suerte, que como las mujeres tenemos dos copias de dicho cromosoma, la probabilidad de que al menos tengamos una copia funcional del gen es mayor. Los hombres están más fastidiados, como solo tienen una copia, si esta está defectuosa,  se nota.

En mi familia se nota mucho.

Mi abuelo era un señor al que le gustaba que lo consintieran. Le gustaba que todas las mañanas le ofrecieran varias opciones para vestirse- no se fuera el a molestar en abrir el cajón y pepenar el solito sus cosas, así lo acostumbró su mujer, que era una santa y una mensa-, entre ellas muchos pares de calcetines antes de tomar una decisión. Quien estuviera a cargo de las opciones, procuraba que todas estuvieran dentro de la misma gama de color, porque el señor no se enteraba y entonces escogía los mas blanditos, pudiendo estos ser de un color disparadísimo y que no venía al caso con el traje. Hoy en día se vería moderno con sus happy socks pero antes no se usaba.

Mis primos se ponían camisas rayadas pensando que eran lisas con pantalones a cuadros. A mis tías las llamaban del colegio para decirles que algún pijojito insistía en colorear a los venados verdes y el pasto café, por más que les explicaban. Claro, ellos los veían iguales y por probabilidad, a veces tomaban el color incorrecto. Luego aprendían a usar los colores que dicen el nombre del tono en el lápiz o la crayola y así las maestras podían estar contentas.

Por eso los semáforos siempre tienen las luces en el mismo orden, por la gente que no se entera de que color es el foco.  Ellos saben entonces que el de arriba es alto y el de abajo siga.

Uno de mis hermanos es muy, muy daltónico. Creo que el único color que distingue con seguridad es el amarillo y por tanto es su favorito. Por lo demás, su gusto en ropa y zapatos es muy particular, estamos seguros que no se da cuenta del verdadero alcance de la gama de colores de su clóset. Tuvo peceras cuando era niño, y había que medir los niveles de sales del agua con unos kits de colorimetría. Muy mala broma. El pobre tenía que andar preguntando y si nos agarraba de vena lo toreábamos mucho. Tengo otro primo que compra ropa pidiendo en las tiendas lo que trae puesto el maniquí, tal y como está, suponiendo que está combinado. Y nunca varía el conjunto, para no errarle.

En una cena de Navidad de la familia, el entretenimiento fue un concurso de daltónicos. A ver quién era peor. Se sacaban cartones de calificación como en los clavados de las olimpiadas para calificar los errores garrafales de los concursantes, y todos se morían de risa.

Cuando mi hija iba en primaria la llevé a checar de los ojos, porque decía que le dolía la cabeza en el colegio. Me dijo el oftalmólogo que de vista bien, pero que era ligeramente daltónica. Ándale, yo pensaba que las mujeres no eran nunca. Resulta que sí. Qué barbaridad.

Unos años después, estaban mis hijos viendo uno de estos programas/documentales en el Discovery y yo pasé por allí. Tenían puesto en la pantalla un montón de puntos de colores, que luego supe que se llama prueba de Ishihara para el daltonismo y preguntaron, qué número ve usted aquí. Yo al pasar dije “Siete” y oí a mis hijos decir, “Ta loca”. No los pelé, pero luego oí que la tele decía que la gente normal no debía de ver nada, que la gente daltónica podía ver un siete. “PUM!”

Eso explica muchas cosas. Los colores brillantes los veo perfecto y por suerte tengo muy buena vista, pero cuando pardea la tarde siempre he tenido problemas para ver claramente los contornos de las cosas obscuras y los colores parecidos no son mi fuerte, para regocijo de los méndigos peluqueros que me pintan el pelo como su gana les da y yo no me entero hasta que alguien me dice que parezco guacamaya porque traigo varios colores diferentes. Por suerte siempre me ha gustado vestirme de colores brillantes o de blanco y negro o sea que por ese lado creo que no hay problema- y si lo hay, me protege mi inocencia-  y en otras cosas siempre lo había compensado de alguna otra manera y no me había dado cuenta. Por ejemplo, siempre compro la fruta por el olor o el tacto, nunca por el color. Entonces, no se si cuando yo veo un atardecer de colores preciosos son los mismos que ves tu o no, pero igual los disfruto y yo creo que mi hermano también y es más hasta ve bonitos sus zapatos del Guasón- color paleta de uva-  o sea que igual hasta salió ganón.

Salam!