ISABEL GÓMEZ AGUADO

Comenzar a escribir esto me ha sido tan difícil como el proceso de darme cuenta de que algo no estaba bien conmigo. De que llevaba meses, tal vez años, con unos lentes oscuros que hacen que cualquier situación se vea gris, y el futuro, todavía más gris.

Esos lentes tienen nombre; depresión. Y hablan, y mienten. Te hacen pensar que es imposible alegrarte por la dicha de los demás, que todos tienen más beneficios que tú y que no generas ningún tipo de impacto positivo en las personas que quieres y tienes a tu alrededor.

Tal vez lo que me llevó a este punto fue dialogar con la lástima que sentía por mí misma. El simple acto de acostarme en mi cama con posición fetal, comparándome con las demás, fue como un veneno que fue creciendo y creciendo hasta convertirse en algo que me hacía casi imposible el poder levantarme de la cama en las mañanas.

Un día me di cuenta de que mi fe se había ido. Perdí la ilusión por los sueños y proyectos que algún día me tuvieron soñando despierta, y me mostraba irritable con las personas que considero más queridas. ¿Te ha pasado? Que no importa si ves diez capítulos de Friends o todo lo que te compres en Zara y H&M, los lentes oscuros siguen ahí.

Pero tomar decisiones y seguir tu vida no es saludable con esos lentes; es de valientes pedir ayuda. Platicando con una persona que ahora me está ayudando, aprendí un ejercicio mental liberador. Esa persona me enseñó a someter a juicio las ideas que al oído me dice esa oscura voz de la depresión para luego refutarlas con mis logros, palabras de aliento de seres queridos y recuerdos de buenos momentos, para así darme cuenta de que son ideas irracionales sin sentido.

Es así como aprendí a dialogar con mi depresión. ¿Y eso me curó? La verdad es que estos últimos meses de tropezar y buscar cómo levantarme son el inicio de un camino. No espero amanecer mañana siendo la más positiva, eufórica, paciente, alegre, etc. Cada día es una lucha en la que debo de encontrar la belleza y el amor por la vida, tanto dentro de mí como en el trato con los demás. Y a pesar de que las dificultades quiero dar gracias a la vida por una batalla que vale la pena ser vivida.

¨Gracias Vida¨