ANA FUENTES

¡Ay paisanos mexicanos! Estamos como los cangrejos, caminando para atrás.  De las muchas acciones que me indignan del PPP (ya se me está haciendo costumbre llamarle así al odioso personaje tabasqueño, pero es que lo florido de mi lenguaje te permite, a modo Montessori, poner los adjetivos que a tu interés convengan al leer de corrido. Sigo), es el double-play que se ha aventado al reducir el presupuesto del CONACYT y al dar patrocinio a los NINIs. Me tiene infartada. Ahora resulta que la institución que daba la mayoría de los estímulos a la gente que de verdad estudia y hace que el país avance ya no va a tener presupuesto, para mejor usar ese dinero para mantener al Flojo, al Mezquino y a sus amigos. ¡Qué buena idea! ¡Eso es progreso! Y además está visto que le ha funcionado a las mil maravillas a otros países el fomentar el paro, el desempleo y la vaquetonez en general.

Te voy a platicar mi experiencia personal. Resulta que yo estudié una licenciatura que mis papás me patrocinaron y les agradezco infinitamente la oportunidad. Pero como mucha gente, a la hora de decidir qué quería estudiar, al acabar prepa estaba yo muy inmadura y no tenía ni idea de qué quería, apenas medio tenia idea de que me gustaban las ciencias. La institución educativa tuvo también peso en la elección de carrera por varias razones, ninguna de ellas la que debiera de ser, que si el prestigio de la institución educativa, el ranking como escuela, no señor, a mi lo que en ese momento me interesó fue que no perteneciera a la misma red de escuelas con la que me eduqué desde preprimaria y que me tenían hasta el cepillo,  y que estuviera “padre”. Fui a hacer examen para licenciatura en Química en una universidad donde me dijeron “Güerita¨y me dieron una nalgada, de inmediato decidí que esa escuela no era para mí.  Con esos sólidos criterios y fundamentos elegí mi licenciatura, hágame usted el favor. Al terminar, por supuesto que no estaba yo del todo convencida de qué iba a hacer con el título que estaba por recibir, si bien me había gustado mucho la investigación en Ciencias. Tuve un profesor que me cambió la vida, con el que hice mi internado también, que me propuso estudiar un postgrado en ciencias y se me abrió un mundo de posibilidades. No me van a alcanzar los años que viva para agradecerle a él, a su esposa y al universo, el bien que me hicieron en la vida: Gracias Carlos e Isa.

Me decidí por la Escuela Superior de Ciencias Biológicas del IPN porque tenía un programa que me gustaba, porque no me quedaba tan lejos como la UNAM, porque me dejaban hacer mi trabajo de investigación en el laboratorio donde ya estaba encarrilada. Sonaba como un muy buen plan. Un compañero de trabajo me dijo que estaba borracha y me daban calambres si pensaba que me iban a admitir. No se si sepas, pero el Poli, es mucho más chico que la UNAM y por tanto es mucho más difícil entrar, no hay tantas plazas, y su charra, viniendo de una universidad privada, sin ningún antecedente como Burro Blanco, pues el pensaba que ni de broma. El había intentado muchas veces y acabó en la UNAM, con todo y que había hecho bachillerato POLI, su abuelo era fundador y toda su familia tenía una gran tradición Politécnica. Pues que me presento al examen y ZAS! Que me admiten con honores, para sorpresa de todos, la mía incluida.

La colegiatura es más cara que la de la UNAM, pero algo muy razonable, el equivalente a un salario mínimo por semestre. Mis papás ya me habían dado carrera, no se me pasó por la cabeza pedirles que me pagaran el post-grado y mi entonces marido ni se ofreció ni yo se lo pedí. Me lo iba a pagar yo sola, faltaba más, haciendo chambitas, pero cuando empezaron las clases todos los compañeros para empezar me tiraban mala onda por no ser exPoli, por ser “güerita”, por ser marica para ir los días 2 de Octubre, porque me daban pánico las manifestaciones de los porros y en general me hacían el feo bastante. Un día me dijeron, “Y seguro no estás becada”, con tono de desprecio. Achís. Si eso era lo que hacía falta, pues iba a estar becada como todos. Fui a pedir mi beca y que me la dan. Así sin más. Al ser yo la presidenta del club de las ñoñas, con unas calificaciones espectaculares, ni se lo pensaron. El CONACYT me dio una beca préstamo que no solo pagaba mis colegiaturas, sino que me daba un cheque al mes para comprar libros y para vivir mientras estudiaba sin pasar aprietos. Hombre, no un sueldo de ejecutivo de Polanco, pero algo muy decente, como de 4 salarios mínimos o poco más. A cambio, tuve que firmar un contrato en el que me comprometía a: 1) terminar de estudiar en el plazo estipulado, no como el PPP que se tiró casi dos décadas en la universidad, porque si no sería muy cómodo vivir quince años del sueldo del CONACYT mientras te haces menso, conocen a su gente, 2) Sacar unas calificaciones excelentes, no puro 10, pero si 9 de promedio, cosa que también está muy bien, no te van a pagar para que andes de vago y 3) Devolver de alguna manera el servicio que se te presta, enseñando a otros al menos la mitad del tiempo del que goces de la beca,  con sueldo, pero que haya constancia de que enseñaste en México lo que aprendiste. Me pareció un trato buenísimo. Lo firmé encantada. De no cumplir con cualquiera de las condiciones, el préstamo tenía que ser devuelto en un plazo de varios años, con intereses moderados.

A los pocos meses, empecé a trabajar como docente en el mismo politécnico, dando clases a los alumnos de licenciatura, en parte para aprender a hablar en público, y en parte para cumplir con el trato de la beca. El poli tiene un sistema de enseñanza increíble para ciencias. Hay un profesor titular de la materia pero para cada tema, se trae al experto en la cuestión en particular, a impartir la clase. Para clases prácticas o laboratorios, nunca hay un solo maestro, las clases se imparten entre varios, de modo que siempre hay alguno que pueda ayudar directamente al alumno y siempre hay algún profesor más ducho en cada cosa y ese es el que dirige la práctica y prepara el material (que suele ser muchísimo), pero hay otros profesores siempre para que ningún alumno esté dando palos de ciego. Así aprendí a dar clases, unos semestres daba Laboratorio de  Genética Microbiana y otros Laboratorio de Microbiología General. Aprendí muchísimo y lo pasé increíble, hice muchos amigos y trabajé como burro. Te pagan como maestro, poco, pero al ser gobierno te dan muy buenas prestaciones y hasta pavo en navidad, si bien tienes que checar tarjeta y solicitar hasta un gis con un oficio por triplicado, claro, es gobierno.  En uno de estos preparativos de material estaba con mis compañeritos cuando una chava que trabajaba en el mismo laboratorio pero daba otra materia  me preguntó si no iba a ir a la marcha al día siguiente. Le pregunté que cual marcha. Me dijo que iban a ir a marchar a protestar porque los pagarés de las becas estaban llegando carísimos. Ahí si me indigné. Mi afán de pertenecer ya se había alivianado- me había hecho de un par de amigos que codiciaban mis apuntes y otros nadamás porque les gustaba la platicadera y ya me valía gorro- y si me pareció indignante que la gente fuera tan malagradecida y tan zángana. Se lo hice saber en voz bien alta, para que no solo lo oyera ella sino, todos. Le dije que me parecía una completa falta de dignidad el pretender que se te regale a cambio de nada un sueldo y una oportunidad de oro como la que se ofrecía en el Poli y la que daba nuestro país. Me dijo, si Manita, pero es que es mucha lana, y como le vamos a hacer para pagar un salario mínimo al mes… ¿Es en serio? A ver, ¿cuánto ganas, hoy como profesor de medio tiempo? ¿Más que un salario mínimo, verdad? ¿Y qué de plano no vas a cumplir con lo que se te pidió?  No está tan difícil: acabar a tiempo, con buenas calificaciones y de tres años de maestría dar clases uno y medio, creo que es completamente posible, razonable y es más hasta sumamente generoso. Si cualquier cosa te sucediera y tuvieras que pagar tu préstamo, pagar un salario mínimo al mes, que era lo que te hubiera correspondido pagar de colegiatura, una vez que ya no eres estudiante, tampoco es una cosa imposible. ¡NO INVENTES!  Y ni me digas que pienso así porque soy “fresa” y porque, la madre. Pienso así porque tengo conciencia y porque me parece humillante y hasta un autogol, considerarme incapaz de cumplir con algo tan sencillo y ser tan malagradecida con mi país y con la vida. Se hizo un silencio sepulcral y pensé, ahora sí, es cuando me van a linchar. Desde la banca de atrás del laboratorio dos de mis amigos, que eran mis paleros empezaron a aplaudir y a chiflar y uno de ellos para acabarla dijo, y al que vea mañana en la marcha, le rompo la cara.

Han pasado veintiún años y sigo pensando igual. Al ver las fotos en las noticias de los NINIs haciendo cola para cobrar su pensión me dan ganas de llorar y de irlos a sacudir para decirles que en qué están pensando al desangrar así al país tan contentos y pensar que son muy “listos” por haber votado por alguien que les de su chequecito por vagos. “Es que la vida no es fácil”. Nadie dijo que fuera fácil, pero es cosa de buscarle. Que les den oportunidades de trabajo, vale, que les faciliten encontrar trabajo, pero esta visto que el ser humano no valora lo que no le ha costado y además no estamos para estar regalando. El dinero tiene que salir de algún lado y lo están sacando abriendo huecos en cuestiones prioritarias. Ahora lo grave es que en mi país se estimula el no hacer nada, el pensamiento derrotista y conformista en vez de las ganas de salir adelante.

En el Poli cuando di clases conocí gente de lo más luchona. Chavos que estudiaban, trabajaban y a lo mejor tenían hijos. No habían estudiado inglés, no tenían muchísimo tiempo y las asignaturas son bastante perruchas, se dejan ir con artículos bien complicados en el idioma original, y muchos maestros creen que la calidad de su asignatura se mide por porcentaje de reprobados o sea que para acabarla, la competencia es dura,  hay que estudiar mucho, trabajar duro y estos niños siempre estaban puestos a dar lo necesario para salir adelante. Esa es la gente que necesita mi México, no la que solo quiere pan y circo.  Ya estuvo bueno de Pejejadas!