ANA FUENTES

Mi tía Gloria me mandó un video de Facebook en el que salen una española y una árabe diciendo a la vez como se dicen algunas cosas y resultan muy parecidas. Dicen entonces que ambas lenguas son “igualitas”. Si Chucha, como no. Si bien es cierto que los árabes dominaron el sur de España durante ocho siglos y por lo mismo dejaron muchos vocablos, costumbres y maravillas arquitectónicas como Granada, los lenguajes como tal son bien distintos.

A mi me gustan los idiomas y puedo decir que tengo bastante facilidad. Así, escribo y leo el inglés mejor que muchos nativos, si bien al hablar lo hago con acento, antes mexicano y ahora árabe por juntarme con Alaris, pues así nos comunicamos casi siempre. Se me pegan fácil los acentos. Es una cosa horrible. No puedo ir al sureste mexicano sin empezar a hablar como boxito y claro, creen que me estoy burlando. En el norte, siempre me preguntan que si soy de allí, hace cuánto me fui. No puedo platicar con una amiga francesa sin empezar a hablar como ella, lo que resulta penosísimo, y hasta el acento de los curas legionarios se me pega si me distraigo. Hablo algo de francés, italiano, entiendo bien el gallego y el portugués. Me encanta viajar y siempre trato de aprender al menos a saludar, a dar las gracias, a pedir las cosas por favor en el idioma local, la bronca luego es cuando me contestan y no tengo idea que dijeron, jajaja.

Una de las primeras cosas que me enamoró en Musulmania fue precisamente el idioma. No se si has tenido oportunidad de ver algo escrito en caligrafía árabe. Se ve precioso, como olas que suben y bajan llenas de adornos y palomitas arriba y abajo del texto. Así se oye también. Hay lenguas que se oyen lindas, como el español de algunos países latinoamericanos, el árabe, el hindi. Hay otras lenguas que se oyen como si la gente se estuviera atragantando o estuviera enojada como el holandés, el hebreo o el alemán. Otras lenguas suenan como lamentos, muy nasales como el coreano, el cantonés. O igual como dicen en Los Tres Huastecos, así me suena. El árabe me dio pues mucha curiosidad y me pareció un reto por distinto y me propuse aprenderlo.

Más fácil dicho que hecho. En México no es fácil encontrar quién lo enseñe, aún siendo que hay una comunidad libanesa grande y varias embajadas de países donde se habla árabe. Busqué cursos online y aplicaciones, versiones de programas para niños en YouTube y empecé a aprender poco a poco. Si hay muchas palabras en español que vienen del árabe, sobre todo aquellas que empiezan con A o con “al”. Al en árabe es el artículo determinado, como “el” o “la” y ante algunas letras, se convierte en solo A. Por tanto azúcar se dice succar, almohada se dice majadeh, alberca se dice albrqah, albornoz se dice burnoz, alacrán se dice aqara, alcázar yo creo que viene de castillo que se dice qasr, alcohol se dice igual, pero de eso a que sean lenguas hermanas, le falta un buen, buen rato.

Vine a tomar un curso intensivo durante tres semanas. Hay una escuela especial para enseñar español a los árabes y árabe a los hispanoparlantes. Fui. Me dijeron que para un periodo breve, no me convenía tanto, me recomendaron una escuela para extranjeros que da cursos personalizados según la necesidad de cada quién y enseñan los dos tipos de árabe. ¿Cóooooomoooo? Si, así, hay dos tipos de árabe.  Resulta que el árabe se habla en 26 países, con cada uno su versión ligeramente modificada, como sucede con el castellano en los diferentes países donde se habla. En general todos nos entendemos, si bien hay veces que lees un menú peruano por ejemplo y necesitas traductor, u oyes decir: “Para bola que vamos a picarle la torta a Matilde” y  hasta te asustas, mientras esto significa en Venezuela “Atención que vamos a cortar el pastel de Matilde”.  Con el árabe además de estas variaciones, sucede que hay dos versiones. El árabe clásico o Fus-ha que es en el que está escrito el Corán, en el que se escriben todos los libros, se dan las noticias y se enseña en los colegios a los niños. En la vida diaria se usa el Amiya, que es otro idioma, pariente sí, pero con distintas conjugaciones, distintas palabras, diferentes verbos y es el lenguaje coloquial. No existen libros en Amiya, no se enseña en los colegios, se aprende en la casa. En esta escuela para extranjeros hay cursos de Amiya. Tienen unos libros hechizos con fotocopias y lo enseñan a partir del inglés a quién lo quiera aprender, en forma individual o en grupo, presencial o por Skype y en general se acomodan a lo que quieras. Total me organicé allí para empezar a aprender Amiya. El fus-ha es útil para leer o escribir por trabajo, pero para la vida diaria, si hablas fus-ha es como si se te presentara alguien hablando como el Cid Campeador. La gente se carcajea y de repente ni te entiende. Me tocaron compañeritos de todas nacionalidades, una población flotante que variaba bastante.  En la escuela hay una cocina donde te puedes preparar un té o café entre clases y ahí conocí a unas niñas jordanas que estaban tomando clases de inglés y fueron mis primeras amigas aquí. Me invitaron varios fines de semana a su casa en su pueblo y creo que allí aprendí más que en la escuela, cobijada entre su familia, jugando con los niños chicos que no tienen empacho en platicarte hasta que te salgan ampollas en los oídos sin importar si entiendes o no, y que se ríen si te equivocas, pero sin hacerte sentir mal. Así aprendí pronto a decir policías y ladrones; piedra, papel y tijeras; corre, brinca, come, por supuesto. Las palabras para describir el clima, que aquí es gran tema de conversación también fueron de lo primero que aprendí. Frío y más frío, porque si sabe hacer en la época en la que vine a estudiar.

La escritura y lectura del árabe es difícil. Se escribe y lee de derecha a izquierda, al revés que nosotros.  No se si les pasó con los niños, que ahora se les enseña a restar distinto que como sabía mi generación, en vez de llevar decenas arriba restadas, se llevan abajo sumadas. Yo a veces ya no sabía si iba o venía y se me hacía bolas el barniz de cómo explicarle a mis retoños. Les decía pregúntale a la maestra, que para eso está. Así pasa a veces con esto, ya no se si quiero leer para un lado o para el otro. Las letras van ligadas, en su mayoría y por tanto no son iguales si van al principio, en medio o al final de una palabra, o sea, una misma letra puede tener tres formas. Las letras son en muchos casos “olitas” que cambian de personalidad dependiendo de puntos que tienen arriba o abajo en distintas cantidades. Una olita como una “u” manuscrita con un punto debajo es “b”, con un punto arriba es “n”, con dos puntos debajo si está en medio es “i”,  con dos puntos arriba es “t”. Los números arábigos que nosotros usamos, acá no se usan. Por llevar la contraria se usan los números índicos, también distintos, y esos sí se escriben de izquierda a derecha, para ver nomás si estás poniendo atención. Vocales solo hay tres: a, i y o/u que es la misma. Hay la versión larga de la vocal, que si se escribe como letra y la versión corta, que no se escribe, si no que se le pone un símbolo a la consonante para marcar si se vocaliza con cual sonido. Una shulada. Hay sonidos que tenemos nosotros que no existen en árabe, como la E, la P, la V, la G y la Ñ. Lo chistoso es que lo sustituyen por sonidos cercanos en marcas internacionales o palabras adoptadas de otros idiomas, y por tanto hay bitsa (pizza), bibsi (Pepsi) y cosas así que me causan mucha gracia. El colmo es que su ciudad más conocida se llama Petra, nombrada así por los romanos, aquí Batra.  En cambio existen sonidos que nosotros no tenemos y que son difíciles de dominar, la qaf, es como una q que se dice como desde la garganta y a veces es muda, a según. Hay dos tipos de D, una fuerte y una suave, igual dos T y dos S, una fuerte y una suave. No te cuento entonces la ortografía que tengo, del terror, pues si hay dos letras a elegir, seguro escribo la que no es, escribo la vocal cuando no va y así. Mis mensajes de texto son abominaciones al árabe escrito.

Las conjugaciones y los pronombres son un irigote, las palabras se modifican según si se habla con un hombre o con una mujer, los verbos se conjugan incluyendo modificación según el pronombre, un poco como en el español, pero también los sustantivos y adjetivos, así en vez de decir mi casa (beit es casa) dices beiti, tu casa dices beitik para mujer y beitak para hombre, beitna para nuestra casa, beitum para la casa de ellos…… En vista de lo cual, yo hablo peor que un apache de película y me cuesta un trabajo horrible no poder intervenir con naturalidad en las conversaciones, porque como habrás podido adivinar, soy muy habladora. Entonces en las reuniones se me van las conversaciones en lo que pienso como decir algo, ya van en el siguiente tema.  Ya casi siempre entiendo todo. Antes, entendía solo parte y me inventaba unas historias bárbaras. Si oía tres cuatro palabras conocidas, me inventaba el resto de la película y ya te imaginarás el resultado. Luego preguntaba la traducción de qué había pasado en verdad y me moría de risa porque rara vez atinaba. Como en todos lados, hay gentes más fáciles de entender que otras, ya sea porque hablan más claro o son más gesteras y gente a la que no se le entiende nada. Para acabarla hay acentos distintos entre gente de ciudad y gente beduina, acento del norte donde los sonidos K se cambian por CH….

Alaris tiene facilidad para los idiomas también. Aprendió el inglés viendo películas, ayudándose con YouTube y así y lo habla muy bien. Hombre, se le oye a leguas lo camello, pero tiene muy buen vocabulario. Quiere aprender español y lo poco que habla hasta ahora, lo habla como nativo, con acento perfecto. Para ellos es fácil porque tienen sonidos de R fuerte, sonidos parecidos a nuestra J, que son los que suelen atragantárseles a muchos extranjeros. Se le barren a veces las Ps si no pone atención y entonces dice “Brobablemente”, cosa que me causa muchísima gracia. No me debería de reír, porque si el se riera cada que yo la riego, no acabaríamos nunca.

Ula, una rusa, me dijo que no me desanime, que esto es de tiempo, que de pronto un día tu cerebro hace “click” y ves que hablas como todo el mundo y que toma más tiempo del que llevo aquí. Ya veremos si no se me olvidan otros idiomas por llenar el disco duro con árabe y sigo hablando como apache. No es broma. El otro día llevé a unos turistas franceses a cenar y me costaba mucho trabajo platicar con ellos. Hace mucho no practico el francés y mi cerebro está preocupadísimo con aprender el méndigo árabe. Inshallah, como dicen aquí…..Luego para acabarla el accidente que tuve me dejó secuelas de síndrome post-conmoción, o sea, mi cerebro está medio ajigolotonado o sea que todavía un poco peor. Noto que en español y en inglés se me confunden las palabras y los números. Del árabe ni hablar….

Salam!