PAULINA AVIÑA

Durante toda mi vida me he dado cuenta que ayudar, no necesariamente es apoyar económicamente a una fundación u organización. Mucha gente no lograba salir de su “zona de confort” incluso, mucha gente cree que es un don, sin embargo, para mi, ayudar es hacer un esfuerzo por alguien más, alguien que lo necesite en ese momento.

El pasado 19 de septiembre, un terrible terremoto que sacudió a la Ciudad de México rompió todos los estereotipos, debido a que vivimos un hecho que marcó la vida de cada uno de los mexicanos que vivimos ese momento. Cuando me refiero a esta última frase, me refiero a que todos nos dimos cuenta de que, SI podemos ayudar, de que todos tenemos un lado luchador por querer sacar algo adelante, que todos tenemos ese lado “sensible” por las demás personas, que no existe suficiente cansancio para dejar de apoyar, que cada quien tiene su manera de cooperar, que nadie es lo suficientemente grande o pequeño para poner su granito de arena, que TODOS nacimos para ayudar.

No existe sensación más padre en el mundo que dar y no recibir nada a cambio, espero que, a ningún mexicano, no se olvide de ese lado ayudador que tiene. Como mencioné en el primer párrafo, no es necesariamente dar un valor económico, todo esto va desde el darle un abrazo a alguien que se sienta solo, apaga tu celular y escucha a alguien que lo necesite, sonríele a alguien que traiga una cara larga, seguramente lo necesita, ayuda a un compañero de clase o trabajo, ayúdale a tu mamá a bajar el super, trata a los empleados como te gustaría que te trataran a ti, dedícale una hora de tu día a alguien de la tercera edad, probablemente no tenga ningún familiar.

Existen millones de maneras de ayudar, cada quien tiene la suya, ¿Tu ya encontraste la tuya?