AISLINN RAMOS

A ti podría recordarte con o sin música, en una noche de verano cuando parece que todo está bien, y también en una noche de invierno extrañando tus abrazos. A ti, podría decirte que te extraño, que te necesito, que pareciera que no ha pasado tanto tiempo sin estar a tú lado… A ti, que te fuiste dejándome un abrazo en el pecho y con las ganas de no dejar de luchar. A ti, que me has forzado a pensar en los porqués, en lo que estará pasando si estuvieras aquí conmigo. A ti, que entre tanta obscuridad jamás me hablaste de lo fuerte que debía ser si tú no estabas aquí conmigo.

A ti, que doblo mis manos y flexiono mis rodillas para que jamás dejes de sentir lo mucho que te quiero, que te extraño, que te necesito. A ti, que año con año espero vuelvas a mi casa, a mi cuarto, a mi cama por un beso de “buenas noches”. A ti, que me enseñaste a dejar de esperar a Santa Claus, para recibirte a ti con una gran taza de café y una pieza de pan.

A ti, a la única persona que jamás dejará de creer en mí sin importar el lugar donde te encuentres, que me enseñaste sobre las barreras y que no hay barrera más grande que el cielo ni barrera más pequeña que la puerta de casa para quererte en todo momento. A ti, a quien  te he dedicado las noches más importantes de mi vida, llegándome a preguntar si algún día va a tener sentido todo esto, incluso el haberte llorado y el no haber podido dormir desde que te fuiste.

No importa cuántos días más dejes de venir a casa, o cuantos más deben pasar para que los dos podamos entenderlo, pero… A cada día, y a cada momento que no estás, me aferro más a ti, a la dicha que me dio Dios para poder tener un ángel con tanta luz que desde el cielo me cuida y protege. Gracias, por no dejar de quererme, por visitarme en los sueños, por apaciguarme cuando no encuentro algo más que la casa, la escuela y mi vida.

Nadie jamás sabrá lo que es el amor, hasta que no se tengan que agarrar del llanto y la esperanza para poder seguir avanzando, así como tú, así como yo…

Prometimos desde pequeños, dejarlo todo sin cansarnos, sin excusas, sin pretextos, porqué del otro lado estaría tu cariño, tus abrazos, tus besos. Podrá cambiar la forma en la que lo mostrábamos, pero no la intensidad y el sentimiento con que lo dábamos… Y por ello, como cualquier otro día, te esperaré siempre: con los brazos abiertos, los abrazos gigantes, las ganas de platicar y la taza de café que nos acompañaba.

“Gracias, por haber sembrado tus raíces en mí, porque con tu partida pudo haberse marchitado la flor, pero la raíz sigue ahí presente día con día…”

Te quiere y te amara por siempre, tu “ratoncita”, Yami…