Despertarse en la mañana y sentir que tu cama tiene brazos y te abraza tan fuerte que no te deja moverte, al fin, después de usar todas tus fuerzas poderte librar de ella y al pararte sentir cómo tu corazón se cae al suelo y tienes que arrastrarlo todo el día, escuchando una y otra vez a esos demonios que te persiguen, que lo único que logran es hacer que el hoyo en el que vives se vuelva más hondo.

Al fin logras salir de casa, el único lugar en el que te sientes seguro pero también es tu peor enemigo, e incontables veces tienes que fingir que estás bien, porque sabes que si demuestras lo contrario llegan esos comentarios que envenenan el alma, todos esos «todos pasamos por eso y vas a ver que se te va a quitar» , «porqué te sientes así si no te falta nada» pero es que sí me falta: me faltan las ganas de vivir, me falta la fuerza para levantarme y seguir con mi vida, me falta sentirme amada por mi misma; eso me falta. Sentir que nadie te entiende y que eres la persona que más atrae el caos y que nada te sale bien, que cada error que cometes te define como la mala persona que eres.

Entonces empieza el masoquismo, tus pensamientos te torturan, no te dejan sola, esos demonios que aunque quieras que se vayan se quedan contigo, son tus mejores compañeros y aunque los odies los sigues consintiendo. Y sí, si me falta algo, y ese algo son los químicos en mi cerebro, ese algo es poder controlar mis acciones, mi ansiedad, mi bipolaridad. ya que yo no controlo mis acciones, ellas me controlan a mi y me acaban definiendo, mi cuerpo cambia por ellas, cada vez mi mente consume más mi cuerpo, como si mis pensamientos se alimentaran de el, dejándome más débil y con menos ganas de vivir preguntándome de verdad ¿Vale la pena hacer algo por mi? Levantar un tenedor toma demasiada energía, ¿Y si mejor me duermo? Y así sigue, te ves al espejo y lo único que ves son huesos, odias verte así pero la depresión te gana, quieres mejorar, ponerte bien, pero a la hora de comer no puedes, te cuesta el trabajo del mundo.

Hasta que aprendes que no es tu culpa, que lo que pasa no eres tú y empiezas a entenderte y a darte cuenta que no estás solo, que alguien te puede ayudar y te está estirando la mano…