ANA FUENTES

El rey Abdallah II no es tan popular como lo fue su papá el rey Hussein, si bien el pueblo lo quiere. No sé si por esto o nada más por buena onda, cada cierto número de años, le da por indultar a la mayoría de las faltas no graves cometidas durante el año. No se perdona a asesinos, ladrones serios o terroristas, pero la gente que tiene alguna falta menor, se ve de pronto ante un borrón y cuenta nueva.  El pueblo lo agradece y se queda contentísimo.

Parece ser que va a ser momento de uno de estos perdones masivos y su charra va a verse beneficiada porque he aquí que he pasado a formar parte de las filas del elemento criminal del país. ¿Cóoooooooooooomooooooo? Si caray. Un par de infracciones de tránsito, y como aquí no se les va una, me tienen registrada en el sistema o más bien al pobre de Alarís que es quien iba a tener que pagar mis multas porque el es el responsable del coche con el que cometí las tropelías.

Como dice el destripador, vayamos por partes.

Tenemos dos coches. Uno que Alarís ya tenía y otro que me merqué yo después de que vendí mi coche en México, que solo vivía para pagar seguro y estar estacionado o esperando a que alguien lo sacara a dar la vuelta. Total, decidí venderlo y comprarme uno aquí. No me gusta mucho manejar y en general trato de ir en bici a donde pueda y le se bastante bien al transporte público cuando Alarís no puede ir conmigo o dejarme el coche. Entonces en vez de comprarme un coche 100% pensando en mis necesidades que son pocas, pensé en un coche como el que ya teníamos, para turismo y  cuando puedo lo pongo a trabajar. Ponemos a algún chofer de la empresa a hacer programas en él, a hacer viajes al aeropuerto y así. En Agosto se lo renté a un conocido de Alarís que vive en Dubai y vino de vacaciones a Irbid durante un mes. Allá se lo fuimos a dejar y cuando terminó el plazo lo fuimos a recoger.

Irbid está como a hora y media de Ammán. Al final, el día que nos íbamos a regresar, Alarís tuvo que quedarse un día más porque algo tenía que hacer, pero yo tenía que regresar a Ammán y esto lo decidimos ya en la noche o sea que salí de Irbid ya tarde, con prisa y cansada, con el coche de Alarís. Alarís se sabe las rutas perfecto, domina donde hay cámaras en todos lados, pero yo no soy tan hábil y por supuesto que me tomaron un divino close-up, yendo más rápido de lo que debía en una bajadita. Changos. Esto tardó tiempo en trascender, apenas nos enteramos hace poco, cuando le llegó la notificación a Alarís por mensajito de teléfono.

La segunda fue unos días después, que Alarís estaba ocupado trabajando y yo llevé a unos amigos que nos vinieron a visitar al centro a hacer la visita de las ruinas de Ammán. Estacionarse en el centro es siempre un problemón, les estaba diciendo eso y de pronto me dicen que si no se puede en la calle, justo estaba saliendo alguien de un lugar. La calle del lado derecho estaba llena de coches estacionados. Del izquierdo ni uno. Como este lugar estaba del derecho, pensé que estaba de lujo. Después de setenta y tres intentos para estacionar y que finalmente tuvo que acabar de hacerlo el amigo, porque a mi no se me da esto muy bien, nos fuimos muy felices a hacer la visita. Había un letrerote en árabe que decía quién sabe qué, pero no le puse atención, por estar platicando. Fuimos a ver el teatro romano, el museo de las tradiciones, el del folklore, a babosear varias tiendas, a cambiar dinero, a comer, estuvimos mucho rato. Cuando regresamos, tenía en el limpiador una linda infracción. Claro que en árabe. Pensé que Alarís me iba a matar, que por lo menos me iba a poner una buena regañada, pero cuando le dije se carcajeo y me dijo que ya se le hacía a el que algo así podía suceder. Tiene la sangre tan ligera que hasta una infracción se hace algo divertido. Me dijo que no me preocupara, que se pagan cuando renuevas las placas todas juntas y que lo que había pasado es que te puedes estacionar allí solamente un rato breve y antes de las dos de la tarde y yo dejé el coche horas, toda la tarde.  Poco tiempo después le llegó la foto multa y me dijo entre risas que si ya se me estaba haciendo costumbre. Yo muy apenada le dije que de verdad fue sin querer las dos veces.

Ahora me dijo que hasta puede que me perdone el rey mis quinientos pesos en multas. Mira que amable el rey. Se le agradece mucho, como no. Ahora ya tengo una paranoia tremenda cuando manejo y no se diga cuando me voy a estacionar. Espero que haya sido debut y despedida y no se me haga vicio coleccionar multas, no esta padre.

Lo bueno es que aquí, como a los borregos, a los policías de tránsito, lo que les ocupa es la lana. Si pagas tus multas, no hay problema. No te quitan puntos en la licencia, ni eventualmente te retiran la licencia por inepto. Deberían de hacerlo, a ver si así dejaba de haber tanta bestia peluda al volante como hay. No tienen problema con la capacidad real como conductor que la persona pueda tener, mientras pague los derechos de la licencia y las infracciones cometidas, adelante.

 

Salam!