ANA FUENTES

Cuando éramos chicos mi mamá era aplicadísima. Nos llevaba al parque muy seguido y no solamente a mi y a mis hermanos. No, todo en mi familia era tumultuario. Ya si íbamos a algún lado, jalábamos con primos y amigos y entonces siempre era un chamaquerío tremendo para todos lados.  Al menos una vez a la semana nos decía “¿A que parque quieren ir?” Y nosotros decíamos, al de los columpios (el del Parque Lincoln de Polanco), al de los patos, a la Tercera Sección de Chapultepec, a ver a los delfines, al zoológico, a andar en patines o a muchísimos más. Claro que también fuimos muchas veces a la feria, a Reino Aventura (ya me eché de cabeza de la edad, ahora Six Flags), a Skatorama, al zoológico a cada rato y a la salida montábamos ponis o chivitas, que todavía había,  y a miles de cosas. En México tenemos la suerte de tener muchos parques muy padres y de todos tipos y, si bien llueve mucho, en las mañanas la mayor parte del año el clima es razonable y se puede aprovechar y salir, o se podía antes cuando no te daba miedo que te fueran a robar un órgano vital.

Acá en Jordania no hay tanta oferta y por supuesto, tampoco el clima ni el traje de carácter se prestan tanto para las actividades al aire libre. En Amman, creo que ya les he contado, hay muy cerca de mi casa un parque grandote con canchas para muchos deportes, pistas para correr, varios museos, áreas de juegos para niños y una mezquita. Es el parque más grande y más bonito de Amman. Hay varios parques para niños con resbaladillas, columpios y demás y una feria más o menos chica a las afueras y un parque de agua hacia el aeropuerto. En casi todas las colonias hay un parque simbólico, pero se usan poco. Yo soy planta de exteriores y me encanta ir al parque. A los sobrinos de Alarís les gusta venirnos a visitar, porque saben que la tía rara seguro los lleva a dar la vuelta a algún parque, al museo del niño, a los columpios, al centro Zahara o por ahí.

En la aldea donde viven Ummi y Baba hay un parque bastante nuevo, padre, que está muy cerca de su casa, entre campos de olivos y almendros. Muchas veces cuando voy a correr en las mañanas termino ahí y uso las bancas de apoyo para hacer algo de ejercicios de fuerza. Siempre está vacío temprano. Si llega a pasar algún coche por la calle me ven como vieja loca y listo, para consternación de Alarís cuando se lo platiqué, porque le tiene con mucho pendiente lo que diga la gente en el pueblo. A mi lo que digan o dejen de decir, me vale muchisísimas madres.  Y como le dije, si te tenía con tanto pendiente, ya sabías, haberte buscado una chavita árabe, muy de hijab y de su casa. Para que te buscas una azteca , ahora te aguantas mijito, porque si bien estoy dispuesta a taparme el pelo con un rebozo de vez en cuando para que las señoras de burqa no se atraganten, de eso a que esté dispuesta a vivir encerrada o a disfrazarme de paraguas en el pueblo, ni de broma. ¿Y para darle gusto a quien sabe quien? Menos. Por mí que digan lo que quieran. De hecho cuando voy sola a ver a la familia si Alarís anda de gira, y llego a pie, entro a las tiendas y a veces las señoras que no me conocen salen de sus casas a verme como si fuera extraterrestre. Siempre las saludo muy mona, me presento y les digo que si tienen alguna pregunta, con mucho gusto. Rapidito se meten a sus casas. Viejas brujas. Lo que pasa es que la aldea donde viven es muy tradicional, no hay ni un solo cristiano, no están acostumbrados a ver extranjeros y entonces yo con mis jeans y t-shirt, y mi pelo de madre de los vientos causo curiosidad.

Pues ayer si pudieron conmigo. En el dichoso parque. Resulta que fuimos a casa de los papás de Alarís a ver a Sam y su familia, que también iban a ir. Ellos viven en otra ciudad y no los vemos seguido. Tienen dos niñas y un bebé. No los veíamos desde Navidad, entre una cosa y otra y le dije a Alarís que la próxima vez, el bebé iba a tener bigote. Pues ahí vamos. Llegamos antes que ellos y se me había olvidado traer dulces desde Amman. Siempre llevo dulces para los niños. Le dije a Alarís que iba a la tienda. Me salió con que, espérate, ahorita ni de broma, es la hora de la salida de la mezquita y va a estar lleno de hombres. Uuuuy. Me cayó súper la indicación y el comentario. Yo pensando que me quería limitar, no que me quería ahorrar las colas en la caja. Malentendido número 1.  Me esperé 10 minutos y le dije que ahora sí me iba. Me dijo, vamos. Salió y ya iba para el coche. Le dije que no, que fuéramos caminando. Claro que por hacer berrinche, tenía yo ganas de fastidiar. Ya lo conozco, que vamos en coche- además de que es ridículo, el pueblo es mini, hay dos tiendas a tres cuadras- y me dice, espérame en el coche. No soy perro para que me guarden o me saquen cuando quieran. A mi me gusta ir y venir a donde yo quiera y cuando me da la gana. Pues total, que puso cara de mártir y ya la iba a armar y le dije, pues no vengas. No te dije que vinieras. Quiso venir. Ya íbamos para la salida del conjunto de casas y sale el vecino que es su primo y le dice, pasa a mi casa un momento y le brillaron los ojos, decidió que si íbamos de visita, se me pasaba la necedad de ir a la tienda, creí yo, que seguía en mi berrinche. A el nomás le dio gusto ver al primo. Le dije a Ahmed, si quiere que vaya el, yo ahorita vengo, voy a la tiendita. Y me fui. Me alcanzó con cara de huarache. Fue renegando todo el camino que qué va a decir la gente. Yo nada más me iba riendo. ¿Ya te oíste? ¿Qué van a decir porque me fui a la tienda cuando yo quise? Jajajajajajaaaaaaaa. Mira, yo que tu mejor me callo o me regreso porque te vas a buscar un pleito.

Total, compré mi bolsa de paletas para repartir entre la chamacada y listo. En la tarde fuimos a ver una casa que están construyendo en otro terreno los papás de Alarís y de regreso los niños quisieron ir al parque. Como era viernes, que aquí es como el domingo, el parque estaba a tope ahora sí. Había un montón de señoras sentadas en bola, familias grandes y muchísimos niños en los juegos. El parque está rodeado por una reja.  Para empezar llegué manejando el coche de Baba, porque a medio camino no se que pasó que el manejó el coche de Sam y me dijo que me llevara el suyo,  y es rarísimo que las mujeres del pueblo manejen. De mis 6 cuñadas y 2 concuñas, solo una sabe manejar, y vive en el otro pueblo.  Luego me bajo del coche y entro al parque con los escuincles y dos de mis cuñadas y en ese instante un grupo de varias mujeres que estaban sentadas alrededor de una mesa, todas con hijab o burqa, voltearon al unísono, me checaron de arriba  a abajo y me “recortaron”, como dice mi sobrina. Yo todavía les sonreí y les dije ¿Qué onda? En árabe. Por supuesto no me contestaron. En otra mesa, había una familia con señores y señoras, misma reacción. Me miraron no con curiosidad. Más bien con algo de odio. Como si fuera yo a corromper a los niños. ¿Nunca has soñado que estás en la universidad a punto de hacer una presentación y te das cuenta que estás encuerada? Pues esa sensación me dio. Y me dio coraje. Traía el pelo en un chongo, y me lo deshice de volada, queriendo que el aire- que hacía bastante- me hiciera parecer anuncio de shampoo. Seguro más bien parecí personaje de Plaza Sésamo. Traía jeans y una camisa oaxaqueña flojita. Lástima. De haber traído una de botones, me hubiera abierto un botón más, de por sí había yo amanecido con ganas de pleito y luego por verme distinta me juzgan, como si el ser buena persona dependiera de ponerte un trapo en la cabeza. Para acabarla, los señores de mi familia se quedaron platicando afuera de la reja y comiendo elotes y después del numerito de la mañana, sentí como si a Alarís le hubiera dado vergüenza irse a parar conmigo. Me quedé ahí el rato que los niños quisieron, tomándoles fotos y platicando con mis cuñadas, que dicho sea de paso, jamás se han apenado de ir conmigo a ningún lado. Pero… ps para que más que la verdad. Si me llegó.

De regreso en la casa de Ummi, entré al baño y a puerta cerrada lloré un ratito. Ya tenía ganas desde antes, pero ni de broma iba a dejar a las brujas del pueblo ver que me habían hecho sentir mal y también me aguanté para que las sobrinas de Alarís no lo vieran.

¿Qué tanto vale la pena? Mi mamá dice muchas veces que para qué me hago la vida complicada, que si me vine a vivir aquí es más fácil no ir contra la corriente. OK. Pero, también, el conservar mi identidad para mí es importante, porque lo contrario es implicar que el ser quien soy no está bien y necesita cambiarse para que me acepten y a eso no estoy dispuesta. No es el pelo o el no pelo en sí. Ni el ir a la tienda a las 12 o a la 1, si no el hecho de dejar bien sentado que yo valgo, y que no importa lo que digan o piensen los demás, con que yo me dé mi lugar, es suficiente. Y también quiero que las niñas lo vean así. Que no necesitas vivir encerrada para ser una buena persona. Puedes ser una buena persona y ser diferente.

En el pueblo, además, mi pinta es un símbolo de que no pertenezco al Islam. En todas las aldeas que rodean a Irbid no hay cristianos, toda la gente es musulmana y no conocen más que lo que han oído en la escuela y en la televisión. Es como si llevas a un musulmán a un pueblito de México. A saber que hayan oído, nada más que son terroristas. Si mi familia que son gente educada y viajada casi les dan tres ataques cuando dije que me venía para acá. Yo nunca consideré la religión como parte de mi identidad. Es más, soy más bien descreída. Ahora a cada rato me preguntan en qué equipo juego, y mi esposo, y que si me voy a convertir… y a tanta gente le tiene con tanto pendiente una etiqueta que para mí es irrelevante, salvo cuando se vuelve motivo de conflicto y necedad. Causa consternación el que me vista como “cristiana” y a la vez use una medalla que dice “Alá” y use al hablar las expresiones que usan los musulmanes y que mencionan a Alá constantemente, pues así aprendí y la mayoría de mis amigas y amigos son musulmanes.  Estoy segura de que hay apuestas en el pueblo de cuánto voy a tardar en convertirme y que juzgan a Alarís por no haberlo logrado todavía. Les voy a dar un tip. Apuesten por nunca. Mi maestra en el colegio es cristiana y el otro día que me oyó decir walla (que significa algo así como “de verdad, o neta, pero es Y Dios, literalmente”,  y me dijo, muy mal, los verdaderos creyentes no usamos el nombre de Dios en vano.  Ya me tienen optudimóder unos y otros.  Me dieron ganas de contestarle, pues muy tu gusto, tu habla como tu quieras y yo que soy verdadera descreída puedo hablar como se me de mi gana. Yo vengo a que me enseñes árabe, no a que me salgas con mojigaterías.

Otra vez lo mismo, es el respeto a la ideología, las costumbres y los modos de los demás lo que nos hace tanta falta como seres humanos y por lo que no estoy dispuesta a ser otra, para darle gusto a nadie. Ahora, he de confesar también, que de que amanezco con ganas de bronca, soy de armas tomar y el pobre de Alarís no sabe ni a que hora compró el boleto para la rifa del tigre.

Salam!