ANA FUENTES

Digo con muchísimo gusto que Jordania es un país muy seguro. Es rarísimo que alguien se robe algo, si bien creo que los políticos son mano larga como en muchos sitios, se puede caminar en la calle a cualquier hora sin problema, sola o no, se puede estacionar el coche afuera, la bici, y dejar la casa abierta y no pasa nada.  No tienes que preocuparte de secuestros, extorsiones ni ninguna de esas chuladas que suceden por desgracia en mi México. En general, como mujer, es tanta la filosofía de respeto que existe entre un sexo y el otro, que normalmente no hay problema de que alguien se vaya a pasar de listo, pero…. En todos lados se cuecen habas.

Estaba leyendo hace pocos días en Komorebi a Natalia Albín y su relato acerca del acoso sexual en Hollywood y junto con una historia nefasta que me pasó ayer, se me ocurrió platicar sobre el tema. Ojo, no es que tome a chunga el acoso sexual ni la falta de respeto hacia el físico de nadie, es un asunto muy serio, pero yo hablo de las cosas no graves, más bien molestas que son parte de las ocurrencias diarias.

A qué mujer mexicana no le han gritado Mamacita! delante de una construcción o le ha hecho los ruidos como de sorber fideos algún pelado en la calle? Les fascina, solo por dar lata y mientras más te molestes, más gusto les da. Luego hay también el telehostigador, que te habla por teléfono a respirar como si le diera algo, el que te trata de pellizcar o arrimar en algún sitio público o el que se cree muy listo y chistoso albureándote.  A mi me da coraje y luego a veces hasta risa. Una vez fui un lunes en la noche al Cine de Arte de Polanco con mi amiga Montse. Nos encantaba ese plan, y siempre estaba vacío el lugar. Fue hace tanto que todavía no había lugares asignados en el cine. Total, me senté en el centro de la sala y Montse se fue al baño. El cine vacío. De pronto llega un señor y se sienta justo en el asiento junto al mío y como que se me junta mucho. ¡Acabáramos! Le dije: “No vamos a tener un problema, ¿verdad? Traigo unas tijeras en la bolsa, justamente para este tipo de ocasiones”. El pobre hombre brincó como dos metros y se deshizo en disculpas. Resulta que su mujer se había ido al baño también mientras el compraba palomitas, y entro a la sala pensando que yo era su esposa y por eso se sentó junto a mí así y yo ya estaba a punto de ejecutarlo, porque en alguna ocasión un idiota me manoseó en el cine, y hube de recurrir a las tijeritas de uñas y darle un piquete para quitarle lo cuzco.

Cuando tenía 15 años, mis papás nos mandaron a mi y a mi hermana, junto con mis primas de la edad a conocer Europa, al cuidado de una señora mayor que había sido maestra y hecho ese tipo de viajes en sus años mozos. Ya la agarramos cansada y le hicimos ver su suerte a la pobre. En ese viaje, en Paris, venía yo caminando por una banqueta y delante de mí había un grupo de punks de pelos parados morados y estoperoles hasta en la tenencia. Me crucé de banqueta. A saber que me fueran a hacer. Por la otra banqueta venía caminando un viejillo como de cuento, con la ropa holgada y la cara surcada de arrugas. Pues, ¿no cuando lo tuve enfrente me pellizcó una pechuga y se echó a correr? Valiosa lección! No hay que fiarse de las apariencias.

Ahora, también existe el reverso de la moneda. Hay mujeres hostigadoras, ¿como no? ¿Se han subido al metro en la hora pico, cuando los vagones son separados para hombres y mujeres en el DeFectuoso? Creo que me han sobado más allí que en cualquier otro lado. Cuando éramos pubertas, fuimos a bailar a un antro mi hermana y yo con un grupo de cuates. Yo estaba distraída y de repente un güey desconocido me agarra la mano y me la arma que porqué le di una nalgada. Yoooo?? Le juré por vida de mi madre que yo no fui, que si eso, habría sido sin querer, que me disculpara, que me merecía todo el respeto, que….. y que veo de reojo a la tarada de mi hermana llorando de risa. Había sido ella, que creyó chistoso pastelear a un hombre y esconderse. Claro que aventó la piedra y escondió la mano para que me cayera la bronca a mí.

También existe el típico amigo de la familia, tío o pariente ojo alegre o mano larga. El que espera a que saludes y cuando te volteas te checa las placas sin falta, o te toca de manera incómoda, o te mira el escote descarado. O el dentista o doctor mano larga. Niñas, para eso la bolsa es el arma perfecta. Además de bonita, si tiene dentro el llavero, el iPad, la laptop, la cartera, un par de teléfonos, una pila y dos otras chácharas más pesa más o menos ocho kilos y un bolsazo “sin querer” en los waffles, rápidamente manda a su rincón al mano larga más lanzado. Al que no lo educan en su casa hay que educarlo en la calle.

Cuando me divorcié no faltó también el amable acosador “inocente”. Hay gente que cree que una divorciada o una viuda necesitan que alguien les haga el favor. Un papá de una amiga de mi hija, casado y al que yo solo había visto una vez en la vida me empezó a mandar cientos de mensajes de teléfono diarios, todos en tono amable, pero cada vez más pasados y cada vez me hacían sentir peor, pero como nada era franco tampoco le podía yo decir nada. Nada más me sentía como perro con suéter. Incómoda. Muy incómoda. Bloqueé su número y le dije a mi hija que me daba mucha pena, que no quería yo un problema con nadie y que le  dijera que me robaron el teléfono o que me morí, lo que ella prefiriera.

Aquí la verdad, la gente tiene tanto cuidado hacia las mujeres y por mantener separados a ambos sexos para que no haya malentendidos que es rarísimo que te lleguen a faltar al respeto. En más de un año he tenido solamente tres eventos “molestos”. El primero fue una vez que iba caminando por la calle y un hombre vestido de beduino se me puso delante, me miró con cara de odio y me dijo “Fuck me”! y se siguió. Jajajajaja! No se si quiso insultarme y decir fuck you, o que cosa pretendía y porque fui el blanco de sus corajes, si yo venía caminando sin darle la lata a nadie. Los siguientes líos que he tenido son porque como aquí la relación entre hombres y mujeres es tan tabú, muchos hombres están muy urgidos yo creo y si se te va el avión tantito y les sonríes un poco, los enamoras y se ponen pesaditos. Un día salí a correr en la frontera con Siria. Me alejé del pueblo para que la gente no me viera, porque causo curiosidad. Estaba corriendo en el campo y pasó un hombre en una pick up. Me preguntó si me podía llevar a algún lado. Le dije no gracias. Me preguntó como veinte veces, me siguió durante quince minutos. Ya me estaba dando un poco de susto, saqué el celular y se fue. No le dije nada a Alaris, para que no se alarme y no me vaya a decir que no salga sola. Ayer me pasó algo parecido en Amman. Fui a inscribirme a un gran fondo de bici a un changarro de bicicletas. Aquí las inscripciones por internet todavía están muy atrasadas. Tienes que ir personalmente a los lugares y  ver que onda. Las direcciones no son claras y hay que estar averiguando. Un show. Total, esto me quedaba cerca y me fui en bicicleta. Me inscribí y cuando iba de regreso tuve que cruzar una avenida grande. Me cedió el paso un coche y yo le di las gracias. Sin mucha fiesta. Solo con ese gesto típico de priista en toma de posesión de la mano arriba de la cara con la palma hacia mí. Pues el hombre con eso tuvo. Me siguió como tres kilómetros. Era la hora de la salida de los colegios y de camino a mi casa hay dos. Había camiones, coches de mamás y en general un irigote de tráfico que yo podía sortear fácil en la bici, pero no podía ir muy rápido porque la ruta es de subida bastante pronunciada, pues el hombre iba detrás de mi todo el tiempo. No estoy orgullosa de decirlo, y por suerte no es algo que me pase seguido, pero a veces me dan unos arrebatos de ira que hacen que el demonio de Tasmania parezca una carmelita descalza. Este fue el caso. Al doblar la esquina para mi casa y ver que el estúpido seguía detrás de mí, se me subió lo García (de Ahí vienen los García! Como decían en la película) a la cabeza y aventé la bici al piso y encaré al hombre y le pregunté que Qué? Qué se le ofrecía? Que se le perdió? Todavía me sonrió, hizo como que se iba a bajar y me dijo “Te ayudo?”, no se si a levantar la bici. Que te ayudo ni que nada! Le cerré la puerta del coche en las narices de una patada que lo volvió a sentar en su lugar, le di otra patada nomás por no dejar, y ya que estaba pálido del susto porque yo creo que nunca había visto a una mujer engendrarse en pantera, saqué el celular, le tomé fotos y le dije que le iba a llamar a la policía, mientras empezaba a pensar que si se me ponía loco le iba a gritar al Tocayo, que es el portero de mi edificio, que se llama como Alaris.  No hizo falta, el hombre metió reversa y salió volado.  La verdad es que no me hizo nada, solo me asustó y me puse como loca.  Ahora, si puedo jurar que ese orate se lo va a pensar dos veces antes de acosar a otra, porque le salió el tiro por la culata.

Tenemos que aprender como seres humanos a respetarnos los unos a los otros, a que se vale hacerle la lucha a alguien que te guste pero sin amenazar o sin ofender, sin rebasar las líneas del espacio de cada quién y a comprender que no es no.

Salam!