VERÓNICA TRADD SCHEKAIBÁN

Y en este cuento, la princesa se salva a sí misma…

Y es que desde niña le habían dicho que sólo los príncipes podrían rescatarla, que ella era débil y dependería el resto de su vida de un hombre que al besarla le salvaría la vida para siempre.

Estuvo muchos años tratando de encontrar a esa persona que le regalaría la felicidad absoluta.

Un día, ya sin esperanza, se encontró con un hada. Ella, le regaló un espejo y le dijo:

– Querida, quiero que siempre tengas este espejo contigo, y cuando te sientas sola, triste y perdida, veas tu imagen reflejada en él, y repitas estas palabras: “estás frente a la única persona que puede hacerte feliz”…

– Pero, ¿esa persona que puede hacerme feliz soy yo misma? No entiendo. A mí siempre me dijeron que alguien más me haría feliz; un hombre, por ejemplo. La princesa se quedó viendo su imagen en el espejo y mientras repetía que ella era la única persona que podría hacerla feliz, entendió al fin, que sólo ella podría salvarse. Buscar su felicidad, amarse, cuidarse, y encontrarse, pues se dio cuenta que la única salida era hacia adentro.

 

 No dejes tu felicidad en manos de nadie, estás frente a la única persona que puede hacerte feliz: tú misma.