MARIA BORJA

Y rayen las paredes, para que aunque sea los muros escuchen los gritos de impotencia que nos causa ver a otra más desplomarse para siempre en el suelo.

Y rompan los vidrios, para que entiendan como se siente que te rompan los sueños en mil pedazos.

Y prendan fuego, para que vean que por más que nos quieren apagar la llama y el deseo de vivir, aquí seguiremos peleando.

Y griten y lloren y muévanse y protesten y vivan, porque así es justo como no quieren que existamos.

Y recuérdenles que no solo existimos, sobrevivimos otro día más en este país donde las cifras parecen indicar que nacemos para morir, solo por ser.

Y rayen y rompan y griten, igual que a nosotras nos rompen, nos gritan, nos queman, nos violan. Porque al monumento lo vandalizan, pero a mí me matan.

Y a ver si así entienden que las delincuentes no somos nosotras. Que el verdadero crimen no es el nuestro. Que la deuda del ángel se salda con 20 millones de pesos, pero que alguien me explique en términos numéricos cuál es el costo de las miles y miles y miles de vidas que se han llevado.

Que les tengo una mala noticia: van 1,199 feminicidios en lo que va del 2019, y cada dos horas y media por lo menos una mujer es víctima de la violencia machista.

Pero también les tengo una buena: pues quedamos las suficientes vivas para reclamarles por las que ya dejaron muertas.