POR: JIMENA FUENTES

Si la vida fuera como una casa de muñecas, seríamos aquellos seres a la merced de cualquier tipo de jugadores dispuestos sobre nosotros.

Si la vida fuera como una casa de muñecas, existirían unos ojos mirando y manos maestras controlando cada movimiento de nuestra existencia ajena. ¿Por qué?

Tal vez, es justo lo que necesitamos. Si formamos parte de un todo y lo que existe se transforma sin perder lo que es en sí, nosotros seríamos parte de un juego en vida meramente recreativo; las mismas piezas una y otra vez pero con nombre diferentes dispuestos por aquel; quién decide cambiar las reglas del juego desde que adquirió su preciosa casa de muñecas.