Por: Paulina Rostan

Aaah, la juventud. Momento en el que somos libres de poder decidir lo que queremos hacer, cuando queramos, como queramos y con quien queramos. O al menos eso es lo que nos han dicho y hemos visto interminables veces en películas, series y libros. Romantizamos la juventud. Pero vengo a decirles que esas son puras falacias. Desde nuestra niñez hasta la adolescencia soñamos con poder mandarnos solos, el problema es que cuando de verdad nos mandamos solos no sabemos qué hacer con esa libertad.

Estoy consciente en que no todas las personas pasamos por las mismas cosas. Por eso en este blog vengo a contarles mis experiencias. Tengo 20 años, acabo de entrar a la universidad y estoy muerta de miedo todo el tiempo. Cuando cumplí 18 años mi familia me dijo: “No porque ya seas mayor de edad vayas a pensar que ya te puedas mandar sola, aquí todavía tienes que pedir permiso para salir y todo eso. Ya que cumplas 21 entonces ya serás adulta, pero por lo pronto sigues siendo una niña”. Estoy a menos de un año de cumplir 21 y estoy aterrada porque no sé lo qué es ser adulta.

Con los pocos años que llevo siendo mayor de edad lo único que he notado de diferencia es que no he parado de hacer trámites. Sacar el INE, renovar el pasaporte, tramites para terminar la prepa, trámites para empezar la universidad y el próximo trámite que me niego a hacer, pero es algo indispensable en mi vida, es el de sacar la licencia de manejo. Llevo años aprendiendo a manejar, desde los 15, pero simplemente me da pavor manejar en la Ciudad de México. Prefiero caminar, usar el metro, metrobús, peceros, camiones a tener que sacar el carro en la Ciudad de México. Tampoco es que quiera o necesite un carro, vivo muy cerca de mi universidad y prefiero muchas cosas más que tener un carro para mi sola.

Pero manejar no es mi más grande miedo, vivo con un constante temor de no ser suficiente en cuanto a inteligencia y talento para cumplir mis sueños. Aunque me queme todos los días las pestañas estando frente a la computadora y que mis ojeras parezcan alcanzar la mitad de la cara siempre siento que no estoy haciendo lo suficiente, que siempre puedo ir a más, conocer más, pensar más. No sé si eso vaya a cambiar con la edad.

El único lado bueno que le veo a crecer es que cada día me importa menos el qué dirán. Hasta ahora la prueba máxima es ésta, compartir mis miedos más profundos en un blog sobre lo que significa dejar de ser adolescente y convertirse en una mujer joven. Así que bienvenides y espero que disfruten leer sobre mis miedos.