ANA FUENTES

El concepto de prudencia que yo tengo y el que existe (y que nadie respeta o más bien no existe) acá en Jordania son bien distintos.  En México la gente es  o trata de ser prudente en muchos sentidos. Tratan de no mencionar al hablar cualquier tema que pudiera incomodar a su interlocutor, incluyendo su edad, su peso, cualquier discapacidad o defecto visible, no se habla del precio de las cosas o por supuesto los regalos. Esto es si no hay confianza porque si hay confianza, se hace precisamente lo contrario, mientras más quieres a un amigo más le dices Gordo o Feo o….., pero no se lo permitirías a cualquiera. Hay ciertas horas, fuera de las cuales no es prudente llamar por teléfono o visitar a la gente. Por lo menos así era antes. Lo del teléfono ha cambiado de unos años para acá. Con el advenimiento del celular, que no descansa nunca, no faltan los amigos borrachos que te llaman a cualquier hora para decirte que lo están pasando bien o para cualquier tarugada. Cosa de poner el celular en modo de no molestar y que solo suene con números de emergencia o cuando alguien llama muchas veces porque de verdad le urge.

En todas partes hay gente imprudente de todos modos. Todos tenemos el típico pariente que siempre tenía el tino de decir lo incorrecto “en buena onda” en el momento menos indicado, o la abuelita que le vale gorro y dice su opinión sin que nadie se la pida, sin pensar en que le está destruyendo a alguien la autoestima.

Aquí en Jordania esas cosas no existen y a mi me causan a veces mucha risa y a veces mucho estrés. Porque además son unidireccionales. La gente puede ser muy imprudente y muy encajosa, pero en cambio, se considera impensable el que alguien ponga freno a algún abuso de confianza.

Por ejemplo, la gente te pregunta tu edad a quemarropa y tu peso también. O te presentan a un vecino y te dicen, Te acuerdas de ese señor viejo que vimos el otro día, que no trabaja? Pues es su papá. Yo por supuesto, durante esta presentación me estaba retorciendo como lombriz en sal, y estaba sonriendo como babosa, tratando de pedir disculpas por el insulto hacia el padre del vecino. Para el otro lado también. Te dicen sin que tu preguntes cuánto pesan y te dicen que qué opinas. O se tatúan las cejas igualito que Neto y Titino y te preguntan tu opinión. Horrible historia! Yo soy de esas gentes a las que se les ve en la cara todo lo que están pensando aunque no quieran y me atraganto si quiero decir una mentira, o sea que trato de cambiar de tema y por supuesto que se me nota a leguas la cara de “fíjate lo que me saco por preguntar tu talla de chones” o la cara de espanto ante las cejas de mi comadre.

Las visitas son una cosa tremenda. La gente te llama por teléfono o se aparece en tu casa cuando le acomoda, sin importar si a ti te acomoda o si es una hora del terror. Y lo peor es que el que debe de apenarse eres tu si no tienes nada que ofrecerles. Aunque sea pasada la media noche, lo correcto es que te quites la pijama y te levantes a hacer café y a sacar fruta, pipas, dulces y a ver que más se te ocurre y que cuando las visitas dicen que se van, les digas “Pooooor? si es temprano……”.  Yo no me acabo de acostumbrar. No me parece de Dios. Después de ciertas horas no es correcto aparecerse en una casa de sorpresa y de hecho yo creo que nunca. Si no te invitaron, hay altas probabilidades de que la gente no esté en la disposición o en la capacidad de recibirte.

Por lo mismo, luego vas a casa de alguien por ejemplo a dejar una cosa en la tarde y ves claramente que si están, pero cuando tocas no te abren, marcas y no te contestan y claramente se esconden para no abrir. Dependiendo la confianza y la seguridad, dejas lo que traías en la puerta y ya está.  Le digo a Alaris que tiene que aprender a aplicar la misma. Es demasiado buena gente y siempre contesta, siempre abre y siempre le dice que sí a todo el mundo, para visitas, les contesta el teléfono para “qué onda, qué haciendo, donde andas?” a las 2 a. m.  a sus cuates  y a mi me dan ganas de darle unos cursos serios de cómo ser un jijo de la mañana o por lo menos saber como pintar su raya, y la mía para acabar, porque sus cuates de pasada me despiertan a mi también y sus visitas acaban siendo también mis visitas. Unas me dan mucho gusto, pero otras me dan ganas de darles la dirección de un café que está cerca de mi casa, donde abren hasta tarde.

Jordania es un país famoso por la hospitalidad de su gente. Si vas de visita a una casa beduina y te quieres quedar, sin dudarlo eres bienvenido, por varios días. La gente tiene esta misma actitud. Siempre comparten de todo. No se considera grosero llegar sin avisar a una casa. Y las “pijamadas” familiares son muy comunes. Te dicen, tengo ganas de ir a visitarte. Y eso a lo mejor implica venir a quedarse unos días a tu casa. A mi eso ya no me parece tan chistoso. Ok si vienen de otro país o de lejos, pero si viven cerquita, porque no duermen en su casa, digo yo?

Piensan que soy una majadera y les causa tremendo regocijo ver como me incomodo como gato con suéter cuando me preguntan “¿Si o no mi marido está bien gordo?” delante del panzón en cuestión, pero a mi no sé, me da pena y sobre todo considero que no es asunto mío andar opinando si el santo señor está barrigón o no, porque el día que el tenga una opinión sobre el tamaño de mis pompas me va a molestar muchísimo si no se la guarda.

Salam!