MARÍA COELLO MOTA VELASCO

El siguiente texto analiza el tema nueve del libro ´´La Tarea de Ser Mejor: curso de ética´´ de Angel Ajegas sobre la responsabilidad moral y la autonomía de la persona: la felicidad, el amor y la responsabilidad.

La felicidad: el ser humano es libre, pero la libertad no tiene sentido si no se pone al servicio de algo; por ende el ser humano actúa para lograr aquello que desea; por lo tanto, todo acto se dirige a un fin último y en el proceso hay varios fines intermedios. El motivo último de nuestros actos es el que va ligado directamente a la moralidad de las acciones que realizamos.

En la filosofía se habla de que todo hombre busca alcanzar su propia perfección; y por ende se encuentra la felicidad pero planteo la siguiente pregunta: ¿Existe entonces una definición universal de la perfección dada la subjetividad con la que esta se plantea según la filosofía? ¿Sin perfección no hay felicidad?  La felicidad no es un placer en sí mismo ya que es efímero; desde mi punto de vista, la felicidad es eso que se desea alcanzar en el fin último de nuestros actos, no creo que vaya ligado a la perfección ya que ese término para mí en lo personal carece de sentido o es inexistente, las imperfecciones son justamente lo que nos asombran y nos atraen; si viviésemos en un mundo perfecto no habrían motivos por los cuales luchar y querer superarse, encontrando así una mejor version de ti mismo.

La razón no comete errores en el conocimiento de las cosas, pero el hombre no es solo razón sino que también tiene sentimientos y pasiones los cuales lo pueden cegar en su búsqueda  del fin último que se proponga encontrar; por lo tanto si la razón se impone a estas sensibilidades se podrá alcanzar la alegría: una satisfacción más duradera que la que se alcanza con el bien sensible.

La felicidad por lo tanto, corresponde a una vida racional; en donde se afronta racionalmente cada instante, relación y circunstancia de la vida y por lo tanto la felicidad y el goce intelectual encuentran vertientes adyacentes y coinciden.

El obrar y la felicidad: se puede decir que aceptamos o rechazamos la felicidad en cada acto que realizamos. Los bienes tanto intelectuales como sensibles son los que nos dan motivo para actuar. La felicidad no es un motivo si no el fin último, el motor que lleva a la persona a obrar.

Si no se tiene un fin último es cuando llega la desesperación y frustración a la vida del hombre ya que esta carece de orientación al no tener una meta o propósito.

El amor: si no queremos un bien, por más que lo percibamos intelectualmente no intentaremos poseerlo; hace falta que lo queramos para encarrilarnos hacia él. Como bien lo expresan los poetas Claudio Rodríguez y Fernando Ortiz: ´´largo se hace el día a quién no ama y él lo sabe, porque como nada quise, en nada me he quedado.´´

Para mí el amor no solo significa atender al otro si no respetar y apoyar su propio camino hacia sus metas y sueños.