PALOMA GONZÁLEZ

Como ya les había contado, me fui unos días a Playa del Carmen a vivir una experiencia lejos de la fiesta para descubrir la otra cara de la Riviera Maya, la selva imponente y maravillosa.

Necesitaba un hotel que me brindará todas las comodidades a buen precio. Mi estancia fue en el City Express Suites, donde la pasé my bien. Tiene una buena ubicación, las instalaciones están nuevas y su diseño contemporáneo me hizo sentir como en casa.

Mi segundo día empezó muy temprano para ir a Cona Pachen, una comunidad maya que en colaboración con Alltournative creó un ecoparque en su territorio. Una vez más armada de chaleco salvavidas incursioné en la aventura.

Lo primero que hice fue cruzar una bella laguna en canoa, ahí demostré mi nulo curriculum en deportes al aire libre, mi guía tuvo que remolcarme porque no daba una, ja. Al final fue lo mejor, porque así pude admirar la belleza natural sin agobio alguno.

Al llegar a la orilla, caminé selva adentro, “no toquen nada, ni animales, ni plantas” fue la recomendación del día. Obvio, quería flotar, pero todo fluyó en calma. Conocí la selva tal cual. Los follajes altísimos y tupidos, ruiditos por aquí y por allá, la humedad intensa y la magia de la naturaleza. Literal, me sentía dentro de algún episodio de NatGeo.

Llegué a un cenote situado a 17 metros de profundidad, conocí a un sacerdote maya y vi una tarántula gigante en el camino, nos explicaron que es época de  apareamiento, así que andan de fiesta buscando pareja. Para salir de la selva hay una tirolesa que cruza un cenote abierto y más adelante, un puente colgante. Nunca había “viajado” por una tirolesa, me dejé llevar y fue divertidísimo.

La siguiente parada fue Cobá. Una ciudad maya enorme ahora cubierta de selva. Cuando me enteré que tenía que caminar dos km más para llegar al templo principal me sentí morir, lo fabuloso es que tienen servicio de renta de bicis o triciclos para amenizar el trayecto. Me subí a mi triciclo conducido por Luis, quien me llevó fresca y feliz por el camino.

Nohoch Mul, el templo en cuestión, es el más alto de la Península de Yucatán. Y sí, es impactante verlo desde abajo. La guía nos cuenta que fue construido por órdenes de cabeza de serpiente, otrora rey de Calakmul (Campeche). Y pues no me quedó más que subir.

Subir es un ejercicio intenso, la pirámide está muy empinada y los escalones muy altos, prácticamente lo que se hace es escalarla, pero vale la pena. La cima está muy por arriba de los árboles y es un verdadero espectáculo ver 50 km aproximadamente de vegetación, es una nube verde gigante. Con todo y las decenas de turistas pude apreciar la vista y sentir la paz y la energía de estar casi en las nubes.

Después de una agenda muy movida, de regreso a la modernidad, consentí a mi paladar con una cena de cocina de autor. Axiote, es el restaurante del chef Xavier Pérez Stone, su propuesta es una fusión de sabores con presentaciones novedosas. Aquí probé una reinterpretación de la cocina local, como los tacos sudados de pato al pibil.

Fueron días intensos y maravillosos. Sigo siendo una flor de asfalto, pero sin duda alguna este viaje alimentó mi alma y me enseñó que siempre hay que estar abierto a nuevas experiencias. Cada uno de los lugares que conocí tienen una vibra única y son dignos de ser visitados y gozados.

En conclusión, te recomiendo que te des la oportunidad de vivir una vacaciones diferentes la próxima vez que pienses viajar por México.