PATRICIA TUIRÁN

“El problema de mujer siempre ha sido un problema de hombres”

Simone de Beauvoir.

Hace algunos años, cuando me atreví a definir el inicio de mi carrera en la pintura, algunos colegas, amigos y críticos de arte dictaminaron al ver mi trabajo que parecía más bien hecho por un hombre. En ese momento  me sentí profundamente halagada, pues lo que quería expresar era  un sentimiento universal. Con el paso del tiempo después de largas horas de reflexión y trabajo para desarrollar un lenguaje propio, esas declaraciones comenzaban a molestarme cada vez más.

Ahora, a distancia me pregunto  ¿es acaso cualquier  expresión artística un sentir de género?- No necesariamente, hombres y mujeres en un mundo como éste, tenemos las mismas necesidades, la  misma incomprensión, sentimos desamor y anhelamos ser aceptados por lo que somos. Sin embargo, las mujeres hemos sido vistas durante mucho tiempo como seres inferiores  e insignificantes, cuyos pensamientos y decisiones deben ser reservados. Para ser aceptadas hemos  tenido que cuidar nuestras emociones, evitar el conflicto, aceptar el control económico y en ocasiones tolerar el maltrato verbal y hasta físico. No obstante, y pese a todo, las mujeres han ganado muchas batallas, en el arte, han sido grandes aliadas, en un principio como seres inspiradores o modelos, pero fue hasta en el Renacimiento con el movimiento Humanista  que las mujeres tuvieron la oportunidad de exponer su pensamiento. Sofonisba Anguissola, pintora italiana es considerada la primera mujer pintora de éxito que cultivo el retrato femenino y pudo ser reconocida por las cortes europeas de los siglos XVI y XVII, antes había sido exclu{ida de la enseñanza académica, de los gremios y talleres y del mecenazgo papal. A ella se le adjudica un importante papel como eslabón  en el retrato italiano y español en el siglo XVI.

Más cerca de nuestro tiempo, han existido muchas mujeres que han luchado por ser aceptadas por lo que piensan, hacen y sienten. En el boom del Expresionismo Abstracto en Nueva York se dieron nombres importantes pero, curiosamente fueron eclipsadas por sus parejas como es el caso de Lee Krasner quien amorosamente logró darle un poco de estabilidad al atormentado pintor Jackson Pollock y con quien compartió su gran pasión por la pintura. O el de Helen Frankenthaler, esposa de Motherwell, que siendo alumna de Rufino Tamayo encontró su propio y sutil lenguaje en la pintura.

Niki de Saint Phalle, escultora francesa en la cual me quiero enfocar por tener el coraje y la rebeldía para hacerle frente a los estereotipos femeninos de su época. Ella aprendió  a curar sus heridas creando, para poder pelear contra el rol que la sociedad le asignó a las mujeres, realizando una serie de esculturas llamadas Nanas, figuras femeninas de formas voluptuosas y vivaces colores. En ellas se muestran un contraste entre la dimensión divertida o festiva del objeto y otra más trágica, violenta y pornográfica, contraponiéndose al canon convencional de la belleza femenina. En 1966 realiza la escultura del cuerpo de una mujer más grande, más alta y más fuerte de la historia del arte. Posteriormente, inauguró el concepto artístico de escultura habitable en el museo de Estocolmo. Su montaje se mantuvo en secreto por lo revolucionaria, ya que constaba de una escultura de 29 metros de largo de una mujer yacente, embarazada por donde los espectadores podían acceder a través de su vagina donde se podían encontrar cubículos, toboganes, bancos para enamorados, un bar de leche en los senos, salas de cine donde se proyectaban películas mudas, etc. Nadie podría pensar que su juventud estuvo marcada por el abuso sexual de su padre y la poca aceptación de su madre que le transfirió su sentimiento de maternidad no deseada promovida por la infidelidad de su esposo durante el embarazo. Su tristeza la convirtió en alegría, tanto que fue uno de los nombres más importantes del arte femenino de la segunda mitad del siglo XX.

También viene a mente la escultora francesa Louise Bourgeois, conocida por sus esculturas monumentales de Arañas, motivo por el cual le valió el  apodo de La Mujer Araña. Louise es una de las mujeres más importantes del Arte Contemporáneo, fundadora del Arte Confesional, es decir, que utiliza esos elementos autobiográficos como los sentimientos de soledad, traición, abandono o ansiedad que toda mujer percibe ante el rechazo y la manipulación. Sus obras permiten que el observador se implique y perciba todo el dolor, es un vasto relato de sus sueños, de sus emociones y angustias, y  sobre todo de sus sentimientos conflictivos respecto de cómo ser a la vez artista, madre y esposa.

Las nuevas generaciones de mujeres están  progresivamente menos expuestas a la crítica. Ser artista, científica, astronauta o madre comienzan a ser opciones libres para la mujer actual, pero en el “fondo” existe todavía la desigualdad  y un sentimiento de desaprobación  que se manifiesta en el acoso y la violencia.  Según estadísticas del INEGI cada cuatro horas una niña, joven o mujer adulta ha sido asesinada durante la última década en las 32 entidades federativas. Según datos de la organización Mundial de la salud OMS el 38% de los asesinatos de mujeres en el mundo son cometidos por sus esposos o personas cercanas a las víctimas. Especialistas en el tema aseguran imposible dimensionar el tamaño real de este problema en el país, ya que no se reportan en su totalidad los crímenes hacia la mujer, e inclusive se llega a considerar las muertes como no intencionales o suicidios.

CUADRO POR: Patricia Tuirán ´´El Beso´´