ESTELA MANZANILLA

Perdida: palabra que provoca miedo, ansiedad, angustia e incertidumbre.

El verbo perder nunca es utilizado en frases motivadores o esperanzadoras. Pero como todo en esta vida, en donde la ausencia de luz resulta en color, la perdida no siempre brinda desesperanza y la perdida no siempre significa final. Tras años muy difíciles en mi vida en dónde sufrí una de las perdidas más grandes que podría imaginar. Y en dónde mi vida continúo como domino con una serie de cambios y perdidas que me hicieron convertirme en ermitaña, huyendo de todo y todos, aislándome en mis libros, mi televisión y solo la compañía de ciertas personas que nunca me cuestionaban el por qué había cambiado tanto y que servían como soporte para mí ya frágil estado. Esta etapa me hizo alejarme de muchos, pero también me llevo a encontrar aspectos de mi persona que nunca creí posible, a comprender que el amor no se acaba con la presencia física, a entender prioridades y a aceptar errores y defectos.

Debido a mi personalidad en extremo nerviosa. Soy una mujer que se preocupa por todo y por todos y que se estresa por el más mínimo de los detalles, resultó irónicamente que justo en el peor momento de mi vida encontré la mayor calma. Descubrí que está perdida me obligaba a desenterrar toda mi fortaleza y mantenerme firme y mirando hacia adelante por el bien de los que más quería.

Hoy en día y después de un gran proceso de duelo, sigo siendo esa nerviosa y preocupona, la misma apasionada que busca que la consientan, pero también soy otra mujer- una mujer que pensó haberlo perdido todo y que ahora disfruta de cada instante que pronto podría desaparecer, una mujer que no toma las cosas por sentado y que agradece al máximo la vida que se le ha dado, que ama a su familia, a su pareja y que no permite que la ausencia de esta persona la imposibilite. Si no que, por el contrario, la motive a aprender de los grandes ejemplos que le dejo y a luchar a diario por enorgullecerlo.

Porque detrás de las nubes el cielo siempre es azul y la perdida siempre dolerá hasta el fondo de nuestro corazón, pero de todo lo malo se aprecia lo bueno y hoy por hoy siento que la vida me otorgo una lección que debo aprender a escuchar.