PATRICIA TUIRÁN

Hace algunos días, comencé a observar con detenimiento todos los objetos y las cosas que se encontraban en mi espacio cotidiano, cada una había sido intuitivamente colocada para que resultara un lugar íntimo y armonioso; en ese instante comprendí que cada objeto o cosa era referencia de los instantes que había compartido con las personas que amaba, significaba los conocimientos que había adquirido, circunstancias que había logrado superar, creencias que había dejado atrás para ser reemplazadas por otras; eran imágenes que configuran la conjugación verbal de mi Ser en el tiempo y me ayudan a contrarrestar, aunque fuera un poco, la fuerza centrífuga de mi viaje por la vida.
Cada uno de los objetos y cosas que nos rodean, tiene un valor único por sus características físicas: peso, textura, color, forma, medidas, etc., cualidades que perciben nuestros sentidos, pero en sí, son inanimadas a menos que el pensamiento les dirija una intensión y es ahí donde adquieren relevancia. Un mismo objeto en la actualidad, puede tener un significado distinto para cada uno de los individuos que lo observa, éste puede estar conectado con un pensamiento o idea de funcionalidad o de bienestar, pero también de aprendizaje, ya que se requiere de habilidad y conocimiento para echarlo andar, también puede representar una serie de experiencias o remembranzas que están íntimamente ligadas a las emociones, quizá al deseo, pues poseer un objeto, implica una demostración abstracta de superación, dominio, capacidad tanto en lo económico, laboral o social.
Todos tos objetos o las cosas que nos rodean, están anclados al principio de la vida consciente de los individuos frente a las circunstancias, pero también forman parte de algo más grande, que tiene que ver con una una herencia común o colectiva que nos habla del espíritu humano, el lugar donde se encuentra lo vital, la intuición, la contemplación, lo creativo y racional. Es por ello que una simple cuchara, un calcetín, una pequeña pinza para colgar la ropa o una caja de cerillos pueden ser verdaderas obras de arte, si contemplamos que surgieron de una idea para resolver una necesidad social y cuando se materializaron no solamente cumplieron su función, sino que además, dieron paso a otros objetos, que evolucionaron junto con nosotros. Cada uno de estos objetos nos transmite ideas, valores, pensamientos, circunstancias, historias sensibles de otros individuos a través del tiempo y del espacio.
En 1917 Duchamp, coloca un mingitorio o urinario llamándolo “La Fuente” en una muestra organizada por la Sociedad de Artistas Independientes de Nueva York, las reacciones de rechazo, burla y enojo no se hicieron esperar, Duchamp había logrado su objetivo, transmitir algo tan noble y serio como una idea. Este sería el comienzo de una corriente o movimiento artístico llamado Conceptualismo, donde la obra de arte no es el objeto físico, sino las ideas o el proceso creativo que surge de él, es por ello, que muchos de los artistas conceptuales, destacan su notas, bocetos o maquetas haciendo alusión a los caminos o circunstancias a las que se enfrentan. La interacción, es uno de los elementos más importantes para el artista Conceptual, pues exhorta a la reflexión y al diálogo, no importando, si es de aceptación, asombro, burla o rechazo.

Una de las obras más controvertidas de nuestro tiempo es sin duda “Por el amor de Dios” de Damien Hurts que consiste en la reproducción a tamaño natural de un cráneo humano en Platino con 8,601 diamantes, entre ellos uno rosa en forma de pera ubicado en la frente, pesando un total de 1,106.16 quilates. La pieza fue fabricada por la casa londinense Bentley & Skinner en el 2007. La idea según Damien Hurts, surge a partir de una exposición del British Museum donde observa La Máscara de Turquesa de Oaxaca.
Existen opiniones sobre este objeto, por un lado se encuentran aquellos que le dan un carácter simbólico a la pieza, donde la muerte es el eterno retorno al origen, también habla de la trascendencia y el más allá, de la superstición, las tradiciones y la fe.
Por otro lado están los que afirman que Por amor de Dios es pieza superficial y carente de valor artístico, ya que el artista no se involucra directamente en su realización, (tiene un equipo de 120 personas trabajando para él ). También están aquellos que aplauden su decisión de exponerla, pues reproduce el espíritu de nuestra época, marcada por la carencia de valores, alcanzada por la globalización y el excesivo consumismo. “Por amor de Dios” fue adquirida en el 2007 por un grupo secreto de inversionistas en $74 millones de euros, cuyo trato primordial fue la de exhibirse en museos de todo el mundo por cuatro años.

El arte Conceptual pretende cuestionar, atestiguar, criticar, explorar, denunciar una realidad en base al entorno social, político, económico o social; recurriendo a la sátira, la ironía, y la polémica, buscando la lectura y la reflexión aunque lo que se presente no implique belleza.
Las obras conceptuales pueden ser expuestas en espacios urbanos abiertos como plazas, parques, edificios, calles, o cerrados como galerías, centros de arte, museos, castillos, como son las instalaciones de Berndnaut Smilde, joven Holandés que reproduce poéticas nubes interiores, controlando la temperatura y la humedad del espacio; También hay Instalaciones en espacios abiertos: campos, bosques, arrecifes, mares, alcanzando por su grandeza y dificultad gran impacto visual, como es el caso de Christo y Jean Claude que en 1972 logran literalmente envolver la costa de Little Bay en Sydney, Australia, trabajando más de 17.000 horas en colaboración con 130 ayudantes, requiriendo 92.900 metros de tela sintética y 56,300 kilómetros de Soga.

Por el amor de Dios.- Damien Hirst

Little Bay Sidney, Australia.- Instalacion de Christo y  Jean Claude.

Instalación de nube.- Berndnaut Smilde.