Por: Priscila Torres

Mucho he escuchado sobre el cuerpo en estos últimos días. Yo puedo escribir que el cuerpo de cada una de nosotras va mas allá de lo que ya conocemos. 

Mi cuerpo tiene estrías, moretones, cicatrices y raspones. Contiene cambios y complejos. Mi cuerpo tiene dedos largos, piernas kilométricas y no es muy fanático del sol, pues comienzo a rascarme los brazos cuando estoy expuesta al astro rey por mucho tiempo.

Mi cuerpo tiene tatuajes y dos perforaciones. También hay muchos lunares en él. Dicen que mi cuerpo es atlético, pero yo en ocasiones lo siento como el de una adolecente que está sufriendo cambios.

Mi cuerpo tiene senos pequeños que ya aprendí a amar y no querer cambiar. En mi cuerpo hay unos ojos color café no tan oscuros, no tan claros. Cejas que antes eran muy pobladas viven también en mi cuerpo. Un cabello largo que ya paso por un corte a la Federica de Kabah y que ahorita es largo con algunos reflejos de color rojo, digo yo. 

Mi cuerpo alberga un alma antes callada, miedosa, cansada y tímida. Ahora vive en el una mujer segura de ella misma, ya no tan callada y cero miedosa. 

Mi cuerpo tiene demasiadas historias, besos marcados y abrazos no deseados. Mi cuerpo tiene música y deseos. Rastros de llanto y anhelos. Es mi cuerpo y no de los comentarios malcriados o de las miradas venenosas. Mi cuerpo solamente escucha comentarios llenos de amor. Ya se hizo sordo a los comentarios malvibrosos.

Mi cuerpo es uno. Mi cuerpo no son todos. Mi cuerpo es mío. Mi cuerpo no es para todos.