ANA FUENTES

Hoy en día nos hacen todo el día publicidad sobre el terrorismo en los aeropuertos. Los sistemas de seguridad que te hacen quitarte zapatos y cinturones, sacar todos tus electrónicos y pinzas de cejas y llegar al aeropuerto horas antes, no tienen otro objeto que el hacerte pensar que correrías peligro a no ser porque los gobiernos y cuerpos de seguridad se mantienen a las vivas. No entiendo como unas pinzas de cejas pueden ser una amenaza y como el  tener que verle la hucha a media humanidad que sin cinturón se agacha a ponerse los zapatos beneficia a nadie, pero así nos toca viajar.

Te has puesto a pensar el alto precio que tiene que pagar cualquier persona remotamente árabe o musulmana para viajar, por más que en su ranga vida haya tenido absolutamente nada que ver ni con un cohete pirotécnico y sea lo más pacífico del mundo? Yo en teoría si lo tenía pensadísimo, pero en mi último viaje a México, me tocó vivirlo en carne propia, ya que tuve la suerte de finalmente traer a Alaris a conocer mi México y a mi familia muégano.

Pero, como decía el destripador, vayamos por partes. Resulta que desde que empezamos a tener nuestros queveres, Alaris quería venir a México a presentarse con mi señor padre y mis hermanos, para que vieran que es un hombre decente, le preguntaran todo lo que quisieran y lo investigaran, para decirles que quería una relación formal conmigo. Es lo que se acostumbra en su país. Pues cual no sería nuestra sorpresa que para empezar, México pide visa a los ciudadanos de muchísimos países, sobre todo si no tienen visa de Estados Unidos, Europa Schengen o Japón. Supongo que si tienes alguna de esas, dan por hecho que alguien más ya te investigó hasta la talla de chon y entonces no hay problema. Pues fue a la embajada Mexicana a pedir su visa, previo pago, entrevista, fotos, cuenta de banco, carta de empleo y factura del refri. Tardaron un buen tiempo en resolverle, tuvimos que hablar mil veces y le dijeron que no. Sin dar razón de nada. Hablamos con ellos y les pedimos que por favor nos dieran un motivo. Porque decían que volviera a aplicar. Pero a mi me parecía que si no cambiaba algo, el resultado iba a ser el mismo. Es como repetir exactamente la misma receta de lasaña y esperar pastel de chocolate. No suena lógico, creo yo. Nos dijeron que podía yo hacerle una carta invitación y que probáramos así o que me casara con el y lo reclamara como familiar. ¿En serio? Pues volvió a aplicar, con carta invitación, con papeles míos, con un itinerario turístico de a qué iba a venir a México, que tenía dinero para pagarse el viaje, que yo tengo dinero y casa en México para recibirlo, que…….. y…. Otra vez, no. Desde aquí en México en el Instituto de Migración pregunté, me mandaron a Relaciones Exteriores del Centro, me mandaron a Gobernación, me mandaron a Relaciones Exteriores de Tlaltelolco y finalmente ahí un señor finamente me dijo, no hay ningún motivo es así como usted puede invitar a su casa a quién su gana le de, pues igual, nosotros le podemos negar la visa a quien queramos, nada más porque si. ¿Cómo ve? En esas estábamos y mientras Alaris había hecho un último intento de sacar la visa de turista en Amman en la embajada y no se porque artes esta vez si se la dieron. Por seis meses.

Planeamos venir a México, muy ilusionados. Por supuesto no hay vuelo directo Amman- México. Hay que hacer escala en algún punto de Europa o Estados Unidos, que en general, también requieren visas. Francia no requiere visa de tránsito y pues sacamos boletos vía París. Pues no Air France va cancelando nuestro vuelo y posponiéndolo 24 horas? Nos dejaron en París entonces 30 horas, y sin visa, Alaris no podía salir de la terminal internacional. Nos trataron con la punta del pié, al final nos dieron una noche en un hotel de esos de cápsula que hay dentro de la terminal. ¿Cómo de cápsula? Si, es como un estuche de lentes donde te metes a dormir, bastante tristecito, pero mejor que dormir en un sillón en la terminal. Sin equipaje, nos dieron solo una cena peor que de avión y ya. Pésimo servicio de Air France. Al día siguiente finalmente salimos para México. El vuelo salió otra vez un poco tarde porque tenían que ponerle anticongelante al avión por un frente frío tremendo que había sobre el este de Estados Unidos. Ya lo sabían, podían haberlo hecho con tiempito, digo yo, pero así le hacen. Total, le metieron el acelerador y llegamos a CDMX a las 14.10 pm, un día tarde, el día de Reyes.

Una hora en la pista, por no se que rollo con el estacionamiento y cuando finalmente nos bajamos, al pasar migración le dicen a Alaris, fíjese que por ser la primera vez que visita México necesitamos que pase a una pequeña entrevista. Y que se lo llevan. A mi me dicen que no puedo ir con el y que lo espere pasando el Duty Free, con muy malos modos. Les pregunté que cuánto iban a tardar, que si me podían dar alguna información y me dijeron que de una a tres horas y que no, que esperara. A las dos horas salieron dos señores, con una hoja llenada por Alaris y me hicieron preguntas a ver si cuadraban mis respuestas con las suyas,  donde se iba a quedar, cuántos días iba a estar, etc. Me dijeron que ya merito, fueron muy amables y se fueron. Pasaron otras dos horas. Yo para entonces ya había posteado en Facebook a ver si alguien me podía ayudar- sin pensar que a las hermanas de Alaris, con el traductor de Facebook, les iban a dar ocho infartos-, había hablado a los derechos humanos (aplausos a la CNDH, metieron a una abogada urgente y gracias a eso salimos), a un abogado migratorio y una de mis cuñadas que es lo máximo también se movió con amigas de ella para echarnos la mano. Estaba desesperada porque nadie me decía nada, los empleados de migración se portaron groserísimos. Estuve cinco horas y media allí, no me dejaron sentarme, no me dejaron conectar mi teléfono, uno salió y me gritó: “Ya lárgate”. Le dije, no me voy a ir. Me dijo, no me grites. Discúlpame, pero yo no estoy levantando la voz, el que me está gritando eres tú. Me volvió a gritar, lárgate, ya te dijeron que te largues o vamos a llamar a la Policía Federal para que te retire. No va a salir nunca, porque tiene antecedentes criminales.   Que rabia y que impotencia. Por supuesto que yo no me iba a ir, y era mentira lo que me decía. En Jordania, necesitas sacar una constancia de antecedentes no penales para cualquier negocio, cada seis meses, y Alaris la acababa de sacar, además el sistema de información jordano es impresionante. La primera vez que entré a Jordania después de casarme, enseñé mi pasaporte mexicano, con mi nombre mexicano normal y me dijeron, bienvenida a su casa, señora de Alaris, porque no se formó donde los jordanos? O sea que no se andan con tarugadas.

Estaba yo buscando un enchufe para mi celular y salió otra pareja de agentes y me hicieron otra vez un par de preguntas, me pidieron que les enseñara los boletos de regreso. Y me dijeron que ya mero, que no me preocupara. En el Duty Free una señorita encantadora me prestó un contacto. Espero se vaya al cielo con todo y zapatos porque me alivianó muchísimo. Estaba yo hablando al sistema de denuncias a los servidores públicos cuando finalmente salió Alaris. El estaba tranquilo. Dijo que no lo trataron mal, salvo que le quitaron el celular y que siendo árabe, está acostumbrado a esos circos. Que por supuesto detuvieron también a otro musulmán, a un hindú casado con una mexicana que también en París tuvo el mismo problema que nosotros y a una pobre francesa con tres niños chiquitos. Yo lloraba como perro en eje vial. Lo pasé fatal.

Es una vergüenza que esos changos sean primera cara que da México como bienvenida a nuestro país. Yo soy una persona de bien, pago impuestos en México, tengo propiedades aquí y adoro a mi país y luego te salen con esas cosas. Da pena y rabia. Que porqué vivo fuera? Porque allá hoy por hoy, somos los dos bienvenidos siempre, podemos trabajar y vivir en paz y se nos quiere bien y se nos deja ser. En México, no tanto.

Una vez pasado el mal trago, estamos felicísimos en México. Mi familia nos recibió con los brazos abiertos, con Rosca de Reyes, con fruta, con mole.

Nos dio el mal de Chabelo y nos despertamos al alba el domingo. Llevé a Alaris a caminar por el centro, a ver el Mercado de San Juan lleno de fruta y colores, la Catedral, el zócalo. Me decía, es como el paraíso. Después de vivir toda la vida en un desierto, lo verde de la ciudad, la abundancia de nuestros mercados lo tenía apantallado. Le dije y espérate que vengas una Semana Santa y veas las jacarandas, vas a volverte loco.

Comimos con tías y tíos, primos y lo pasamos muy bien. Yo extrañaba mucho el apapacho y el tenía ganas de conocer a tanta gente de la que me ha oído hablar sin parar. Ya fuimos también a Teotihuacán, al mercado de las flores, a la Villa, iremos a Garibaldi, a Xochimilco, a Coyoacán, a Chapultepec, a Polanquito, a la Condesa, a Antropología, a Puebla, a Oaxaca, Hidalgo, a Mérida, Celestún , Holbox y Cancún.  Ya conoció a algunas de mis amigas y amigos, que lo han recibido con cariño y hospitalidad mexicana de la buena y le dije que estos sí son representantes de mi México y no los burócratas abusivos que lo recibieron tan feo.

Me muero por enseñarle mi país y que entienda porque hablo de el con tanta nostalgia y cariño, que aprenda a quererlo como yo, y que eventualmente podamos venir seguido, yo espero el mal trago con migración ya haya sido solo una historia y así la siguiente vez podamos ir a Veracruz, otra a Nuevo León, Chiapas, San Luis y así que vaya conociendo México y volviéndose mexica de corazón.

Ya comió los elotes y los mangos de manila de aquí y me dijo, que tengo la boca llena de verdad, que el que no conoce a Dios, donde quiera se anda hincando. El pensaba que los que conocía estaban buenos, ya lo arruiné para siempre, porque ahora va a querer siempre los mexicanos y entiende porque mi cara de sin embargo cuando me ofrecen allá elotes amarillos y desabridos. Igual dice que la experiencia del Costco y de que le digan “pásale carnalito” en los estacionamientos públicos de los mercados- porque parece mexicano y pronuncia el poco español que habla muy bien-, le ha cambiado la vida. Ha probado zapote prieto, chicozapote y mamey, que no existen en Medio Oriente. Ha comido tacos de tasajo en el mercado, con tortillas recién hechas. Lo han abrazado mis hermanos, con esos abrazos de los señores mexicanos que parece que van a descuadernar al compadre con palmadas en la espalda y lo han abrazado y besuqueado mis amigas y mis tías y las ha oído hablar como guacamayas, todas a la vez. Le ha gustado. Dice que ya de por sí quería a su México, por extensión mía, por lo que veía en mis ojos y oía en mi voz cuando con orgullo digo que soy mexicana, pero se sorprende de la belleza y riqueza de México a cada rato y le duelen las cosas para las que nosotros ya nos hemos hecho un poco duros, como los viejitos que trabajan y la pobreza extrema que tristemente a veces vemos como normal.  O sea que yo también estoy redescubriendo mi país a través de sus ojos, revalorando los paisajes que  extraño y llevo en el corazón, pero que el ve con ojos nuevos y en cada vuelta de carretera dice: “extraordinario!” y si, es verdad.