ANA FUENTES

Por cuestiones de trabajo “serio” viajé a Lima, Perú. Una compañía farmacéutica me contrató de escritora médica para un congreso. Ya he trabajado antes para ellos haciendo traducciones y escritos varios, pero nunca me habían hecho viajar desde tan lejos. Traté de convencerlos que con mi nueva situación de domicilio, lo mejor sería que grabaran el congreso y yo sobre ese audio y video les hiciera el escrito, pero no se dejaron amilanar por el elevado costo de los viáticos y me dijeron que con gusto me esperaban en Perú. El viaje, una paliza de cállate la boca. Había que volar a Europa y de ahí a México o Estados Unidos y luego a Perú. A Madrid, esperar unas horas y de allí a Perú. Total, un viajecito de cómo treinta horas en cada dirección para estar dos días y medio y de regreso. Pero como decía mi tío Poncho: With money dancing the dog: con dinero baila el perro, y estos señores son muy buenos clientes. Estos folclores además me gustan. Has de saber que tengo un profundo lado nerd, y me encanta aprender. En este tipo de eventos hay que estudiar sobre el tema y tienes oportunidad de oír y conocer a las “vacas sagradas” o gurús del tema, porque reúnen a los expertos médicos de distintos países para hacer consenso de los nuevos avances en el tratamiento de la condición a discutir. Muy interesante. Pero me encantaría que hubiera forma de teletransportarse o que hubieran armado el huateque más cerquita. Todo en el mundo avanza, los teléfonos cada vez son más chicos, los gadgets cada vez mejores, y no se porque el viajar en avión cada vez es peor. Que pero le ponen a Estambul o a Jerusalén, ya si Amman de plano no? O ya si había que desplazarse así a lo Magallanes y darle la vuelta al mundo y estaban empeñados en hacerlo en Latinoamerica (sospecho, la reunión lleva Latinoamericano en el título…), me hubiera gustado más pasar por mi México y aprovechar y ver a mi familia muégano, pero el hombre propone y la farmacéutica dispone.

De las opciones que había y en vista de las nuevas disposiciones gringas para viajar a Estados Unidos con electrónicos, en que creo que te tienen que revisar hasta las dos últimas tenencias en la sala de abordar si traes computadora, preferí volar por España. Además, resulta que desde hace unos años vive en España la señora que fue la nana en casa de mis papás durante más de treintaicinco años y su hija. Llegó a casa de mi mamá puberta y con ganas de no quedarse. Diciendo que si había perro, no se quedaba (si había), que si había que hacer Hot Cakes, no se quedaba (le quedan buenísimos)… y se quedó 35 años, a puro renegar.

No se como funcione esto en otros países, pero para nosotros los mexicanos, las nanas de años son familia y para mí en particular, madre e hija son como una especie de tía y media hermana con las que crecí y a las que quiero muchísimo.  Nos hablamos, nos mensajeamos y si hay oportunidad nos vemos. Volvió ella de España a la boda de mi hermano, la hija, que es soprano y de las buenas, cantó en la boda de mi hermana y en fín, somos muy parientes, de los que escoges en la vida. En cuanto supe que pasaba por Madrid les avisé la hora y ellas se apuntaron a ir a verme al aeropuerto, e incluso trajeron al novio de la niña, para que nos conociéramos en persona, pues en foto ya nos conocíamos mutuamente.  O sea que al final, mi escala de 8 horas no estuvo nada mal. Me alcanzó para ponernos al día de novedades y cargar baterías de apapachos, pues teníamos como un año de no vernos. A Alaris, como tantas otras cosas, le pareció otra de mis rarezas. En Jordania no existen las nanas. La gente de mucho dinero en Amman tiene servicio doméstico pero en general son mujeres filipinas, que obtienen su visa de trabajo por un año y con las que no se forman lazos de cariño, por costumbre, por restricciones de idioma y porque al cabo de un año, cambian de empleada porque se les termina la visa. En general, de la clase media para abajo, cada quién sus cubas, te ayudan tus amigas o tus parientes si hace falta, pero no se acostumbra la ayuda doméstica que hay en México. De hecho, la primera vez que Alaris vio una foto en la que salía la muchacha que ayuda ahora a mis papás, me dijo, pero si parece mexicana! Muy sorprendido. Yo casi me descuaderno de risa. Le dije que si esperaba que tuvieran una noruega trabajando en su casa. Pero claro, es que aquí es impensable que una mujer trabaje en una casa ajena. De hecho,  en los hoteles, los camaristas son siempre hombres. Como va una mujer decente a meterse en un cuarto ajeno. Ni hablar. Las empleadas de limpieza de comercios y gimnasios, de “entrada por salida” digamos, si suelen ser mujeres, en general filipinas muy trabajadoras. Los conserjes/mozos de los edificios de departamentos en Amman casi sin excepción son indocumentados egipcios. Sucede que la moneda jordana es muy fuerte, por un trato sospechoso que se hizo con Estados Unidos, a cambio de las reservas de petróleo y de una alianza militar estratégica por estos lares. Un dólar americano equivale a 0.708 Dinares Jordanos, o sea que ganar en dinares es atractivo para la gente de Egipto, Filipinas y Pakistán. Por eso, hay leyes migratorias estrictas. Cuando decidí quedarme, me mandaron a hacer trámites a varias dependencias de gobierno, a sacarme sangre al seguro social para acreditar que no venía a curarme de ningún mal carísimo (también hay muy buenos hospitales públicos) y finalmente me dieron como a las filipinas, una residencia por un año, pero con opción a renovar, cada año, hasta llegar a cinco, cuando si quiero, puedo ya tener la residencia permanente y el pasaporte jordano, sin necesidad a renunciar a ser mexicana, que eso si, para mi no es negociable. Me voy a morir azteca, porque me encanta mi México, sin importar donde ponga mi petate.