XIMENA GONZÁLEZ

“¿Qué? No tienes cara química”

La cantidad de veces que he recibido ese comentario ha sido tal, que realmente debería ir haciendo una libretita o por lo menos hacerme una alcancía y seguro ya llevaría varios viajes de ese ahorro. Las mujeres que estudiamos ciencia, parecerá increíble, pero hoy en día seguimos experimentando un machismo disfrazado de cortejo falso, en donde de verdad pareciera que o eres bonita o eres inteligente, nunca ambas.

Cuando pensamos en un química, habrán muchas personas que se imaginen a la típica Nerd ratita de laboratorio, con lentes (bueno.. ok, si uso lentes), antisocial, cero agraciada y freak, y para colmo de males; de hecho, de ser así, de todas maneras te discriminan tus colegas científicos porque “no das el ancho” intelectual ¿Increíble no?

Me da un orgullo enorme ir viendo cómo, como género femenino que somos, nos hemos ido posicionando cada vez más y con mucho impetú en la ciencia.  Hubo un tiempo que estábamos en desventaja en las decisiones de promoción, invitaciones a conferencias o incluso nominaciones a premios. Y aunque, hemos luchado durante varias décadas ya por una equidad de género, y que es innegable que esta lucha ha tenido resultados muy positivos  ¿Por qué será que todavía hoy; 2017 el dilema falso belleza –inteligencia sigue prevaleciendo?

Las mujeres siempre hemos tenido la capacidad y dirección para lograr sobresalir en ésta área, sin embargo en una sociedad históricamente conducida por hombres, un machismo instalado y reforzado por nosotras mismas, difícilmente se podría conseguir un lugar; y las mujeres como yo que lo hemos conseguido, igual hemos tenido que lidiar con muchos retos sociales entre ellos; el dilema del físico-IQ, el acoso sexual y las competencias intelectuales con el sexo opuesto.

Mi intención no es hacer de esta publicación un vomitadero hacia los hombres (que encima de mis ideas feministas, los reconozco en su género y su extraordinario ser, una parte no existe sin la otra), sino compartirte como fue mi experiencia de ir formándome como química, con lo que tuve que enfrentarme y con lo que todavía sigue siendo un tabú, pero sobre todo para empujarte, si esta dirección es lo que te mueve, en romper muchos canones que esta sociedad mexicana nos ha impuesto.

El dilema (falso, por cierto) de belleza vs. Inteligencia aún no está muy bien definido de dónde nace; y quizá necesitaríamos del análisis de un antropólogo, un artista, un filósofo hasta un religioso para entender la complejidad que tiene; pero la realidad es que en el mundo en el que yo me muevo está muy presente aún.

Un día llegas a seminario, con tu tema perfectamente bien trabajado además que dominas porque es tu línea de investigación, y desde que cruzas el aula comentarios como “¿Que? ¿Ella va a exponer?”  “Que rica esta esa vieja”  “Agh, esta güera que” “¿Qué va a saber esta tipa de péptidos antiinflamatorios?”, que de entrada ya te tensaron. Das tu tema, respondes a preguntas que, más que ser orientadas a la discusión abierta parecieran un desafió al intelecto de una “güerita”, y al final termina en un sorpresivo reconocimiento, que no deja der ser grato (y créeme que es una joya cuando rompes con ese estereotipo, es como una palmadita en el hombro).

Al final la sensación es de decirle indirectamente al mundo “Trabajo con cultivo de células, mis zapatos son stilletos y uso labial hot pink cuando te estoy explicando mis formulaciones”.

¿ Y por qué no  acoger tanto tu feminidad como tu inteligencia?

Conozco grandes mujeres químicas, bioquímicas, biotecnólogas, físicas, que aparte de ser unas fregonas en su área; sea investigar parásitos, estudiar el cáncer, desarrollar bioplásticos en fin, son atractivas, lindas y procuran verse bien también, y comparten conmigo el rompimiento del estereotipo; y la satisfacción personal de ser quienes son.

En mi caso, el rollo de la belleza y glamour lo llevo muy a flor de piel y con mucho orgullo, como científica que se dedica a desarrollar cosméticos y estudiar la piel, es muy satisfactorio compartir el amor por lo que hago y sembrar semillitas de curiosidad por la ciencia en otras mujeres (sobre todo mis alumnas de secundaria y prepa); y dejar un poco sobreentendido que, claro que voy al gym, traigo las uñas pintadas de fiusha, y me pruebo mil atuendos cuando voy a tener una cita, pero también paso tiempo haciendo cálculos en una hoja, leyendo mucho, analizando información, haciendo pruebas con sustancias químicas en un atuendo quizá no tan sexy, hasta lograr una fórmula cosmética fruto de mi creación.

La idea aquí es, que no tenemos como género femenino porque quedarnos con los “Perfiles típicos” de profesión, que podemos ir mucho más allá y que te va a costar trabajo find your spot como científica en esta sociedad mexicana machista (Sí, porque hay un factor cultural aquí irrefutable), pero que la plenitud que vas vivir es priceless.

Así nació My Little Lab. Un concepto de fiesta infantil con la intención de romper un poco el esquema de fiestas tipo spa o de cocinita (que hey no dejan de gustarme, y que yo misma jugaba mucho), para abrir otros horizontes en las niñas y dar otras perspectivas de “Lo que quiero ser cuando se grande”. Es un espacio para formular cosméticos, y entrar en un papel diferente.

Tengo la clara convicción que poco a poco se han ido derribando los esteotipos y continuará, y habrá muchas señoritas científicas por ahí necias, aferradas que como yo, quieran abrir otras manera de pensamiento, otras formas de relacionarse y el desarrollo de otras actividades.

Queda en nosotras incentivar en nuestra comunidad que bonita o inteligente no es una disyuntiva, es una complementación, es un romper la enseñanza de la damisela en apuros, y un querer ser diferente; es Eunoia (griego: a well mind, beautiful thinking).

‘A beautiful woman is a beautiful woman, but a beautiful woman with a brain is an absolutely lethal combination.’ Prabal Gurung