ANA FUENTES

Los objetos producen placeres efímeros. Se pierden, se olvidan, pasan de moda.

Las experiencias que pude ya te las regalé. No todas las que hubiera querido. Y algunas, de poder, tomaría una goma mágica para borrarlas. De todo se aprende, ese consuelo me queda al pensar en los ratos amargos, en las cosas de las que me arrepiento.

Hoy quiero darte, si me dejas, una canasta llena de cosas que quiero que tengas toda la vida.

Una certeza absoluta de tu valor como persona. De que mereces ser feliz y que te lo debes a ti. Que nadie tiene derecho a hacerte infeliz y mucho menos por culpa.

Un compromiso por cumplir con ser fiel a ser quien eres, sin injusticias con los demás- no por lo que vayan a decir o a hacer, sino porque sé quién eres, y sé que eso al final no te sentaría bien-, pero sobre todo, ser fiel a ser lo que te hace sentir pleno.

La capacidad de asombro, para descubrir lo bonito y lo sencillo cada día. Para no caer en la indiferencia ante lo que te mueve y lo que te da gusto en la vida.

La humildad para ver la grandeza y la grandeza para ver la sencillez en las personas, en la naturaleza, en el arte.

El gusto por los placeres simples, una buena comida, una risa fácil, una canción en la tarde, un olor a lluvia, el beso de un niño, la brisa del mar, un cuerpo que puede bailar o disfrutar moviéndose, un vaso de agua fresca, el campo en primavera, el sonido de las olas, el sol sobre la piel….

El ojo para la oportunidad. La oportunidad de disfrutar, de tomar los momentos buenos cuando se presentan. De sí, cumplir y ser responsable, pero también gozar de lo que venga y saber estar consciente del gozo, pues las cosas difíciles vienen solas. Hay que aprovechar las fáciles,  vivir intensamente cuando vivimos bien. Al tratar de darte muchas oportunidades a lo mejor te saturé la vida de horarios, clases, ortodoncia y traslados de un lado a otro. El resultado valió la pena, pero quisiera que sepas, que la vida no es así necesariamente. Que eso es solamente un medio para lograr un fin. Que a veces es hora de cumplir y a veces es hora de disfrutar.

Discernimiento para invitar a tu vida a quien sume, a quien de, a quien sepa apreciarte y quererte. A los que no, agradéceles la lección y déjalos seguir su camino, separado del tuyo.

Finalmente, como siempre y para siempre, mis brazos abiertos y mi corazón entero.