FERNANDA MELGAR

Hoy he decidido otorgarte el beneficio de la duda, a entender que no estoy aquí para comprenderte si no para vivirte y que muchas veces la respuesta  es que no hay respuesta pero que son justo las preguntas las que hacen que todo valga la pena. Te prometo vivir en el ahora dejando que el pasado forme mis recuerdos y el futuro marque mis sueños, prometo ya no tenerte miedo y decirte que si antes que no, a confiar que llevas mis pasos a lugares donde mis ojos no ven porque son justo el conjunto de esos pasos, sean grandes o pequeños, los que contarán las historias que me van a sacar las sonrisas, las risas, las lágrimas y todas las emociones que un día se verán reflejadas en mi cara y en mi alma para recordarme todo lo que he vivido.

Hoy he decido dejar de postergar la felicidad esperando a que vengan días perfectos y fechas importantes porque hoy ya sé que la felicidad más grande no se espera; se vive y se encuentra en los pequeños detalles de cada día, en las risas compartidas, en la canción perfecta, en ese abrazo tan necesitado o en todos esos pequeños momentos que sin explicación alguna me pone la piel chinita. No te pido que seas perfecta o que todos tus días sean buenos porque hoy sé que justo sin esos días malos donde no he visto claro, que sin esos tropiezos que me han frustrado el alma, que sin cada una de mis caídas y lágrimas que me han roto el corazón no habría podido saborear los buenos, porque sin esos tropiezos nunca habría encontrado el camino correcto, porque sin las caídas no me habría conocido y aprendido como lo he hecho, porque por cada lágrima que me rompió el corazón he encontrado un millón de razones más por las cuales enamorarme y porque al final tu magia está justo en eso, en la combinación de lo bueno y lo malo; a veces completa y en otros momentos a pedazos; pero al final siempre bella.

Te agradezco por cada una de las personas que se han cruzado por mi camino, por las que vinieron de paso a enseñarme una lección y las que se han quedado; por las que me han sacado una sonrisa en ese día difícil y que sin pedirlo me han dado ese consejo que tanto necesitaba, pero sobre todo te agradezco por todas esas personas que me han sabido encontrar cuando ni yo misma sabía que estaba perdida y que en los mejores y peores momentos me han recordado que nunca estoy sola… Para terminar solo te pido una sola cosa: que nunca me dejes de sorprender, que las cosas más maravillosas que tienes escritas para mí lleguen cuando menos las espere, y mientras me encuentran, te viviré con el corazón en la mano y con una sonrisa en la boca, disfrutándote como niño y aprendiéndote como sabio porque hoy ya entendí que vienes por partes y por ahora esta tal vez es la mejor.