ANÓNIMO

Querido yo,

A pesar de haber sido autora de varias cosas a través de los años, jamás te he escrito una carta a ti, tal vez esto habla mucho acerca de tu carácter, cómo te preocupas por los demás y les regalas tus mejores versos.

Me parece hasta cierto grado injusto el trabajo que me costó empezar a escribirte esto, a pesar de tener tanta soltura para la escritura.

Recuerdo cuando eras una niña y te imaginabas cómo ibas a ser de grande, pasabas horas preguntándote cuanto cambiarías y cuantas experiencias buenas y malas te deparaban en un futuro, si tendrías cicatrices o algún rasgo distintivo nuevo; pero tu mayor cuestionamiento jamás fue sobre el físico si no que en realidad querías saber cuál es tu razón de existir y si algún día encontrarías la respuesta. Quiero que sepas: has cambiado y evolucionado muchísimo a través de los años, fuiste frágil e insegura para convertirte en alguien fuerte y decidida. Cicatrices tienes muchas y de ambos tipos, tanto internas como externas, pero todas te caracterizan y te hacen única e irrepetible. La respuesta a tu cuestionamiento querido yo, es que no hay respuesta; has vivido tanto a pesar de tu corta edad; ante los ojos de un tercero podrías ser percibida como otra niña más, y ahí está tu ventaja, si tuvieran idea de la capacidad de resilencia que tienes jamás te menospreciarían; de cuantas cosas has perdido y jamás te quejaste, de los años tan difíciles que pasaste en silencio por no querer mortificar a los demás; momentos complicados que te enseñaron que las verdaderas respuestas jamás vienen de fuera, y que hay que decirle a nuestro niño interior que estamos sanando, pero desde dentro, y eso querido yo, es precisamente lo que estoy haciendo. Me tomó tantos años aprenderte a querer, que creo que debí de haber empezado esta carta con una enorme disculpa… Perdóname por todos esos momentos que dudé de ti y te hice sentir de menos; por todas las veces que te he descuidado por poner a alguien más antes que a ti, por haber dudado de tu valor en innumerables ocasiones, pero sobre todo, por haberte puesto en situaciones que te hicieron perder la esperanza. Querido yo, quiero que sepas que te quiero infinitamente y creo en ti más que nadie, que estoy segura que lo que te propongas lo vas a lograr como ya lo has hecho en múltiples ocasiones y que ya te tocó llorar, ahora, querido yo, toca que vivas y sonrías. Quiero que sepas, que a veces las preguntas más complejas tienen las respuestas más simples: viniste a este mundo a VIVIR, con todas sus vertientes y connotaciones, con toda la luz y sombra que engloba estas cinco letras, somos el tiempo que nos queda, así que VIVE, ya lo has hecho maravillosamente bien.