BETTY VÁZQUEZ, CHEF

Este mes se cumplieron 4 años que se me murieron las palabras, se me murieron las ideas, se nos murió uno que inspiraba y que acompañaba en horas de desvelo, de alegría y de descanso.

Se nos murió José Emilio Pacheco.

Hace unos días comentaba con un amigo que tuvo el honor y el placer de conocerlo, que adoraba el mar, y volvía cada vez que podía a encontrarlo porque en él estaba parte de su inspiración y su fuerza.

Esta semana fue luna nueva, la luna grande, la que provoca las mareas fuertes y rugientes, la que mueve esteros y alza las olas, quizá era la forma del universo de rendirle un homenaje a ese ser que siempre volvió a su encuentro.

Hoy tenemos los libros de José Emilio Pacheco en la mesa, para retomar su lectura, que la final es el mejor homenaje que le podemos hacer a un poeta.

También en alguna conversación con ese amigo, Pacheco le comentaba, que siempre habrá poetas, que sustituyan y remplacen a los que van muriendo, lo importante es que siempre haya poetas vivos.

Leyendo en La Jornada a su esposa Cristina Pacheco, ella  dedica una nota que se llama “Mar de Historias”,  comentaba como llevaron un diario de cada día que estuvieron separados, ya fuera por trabajo o por viaje de placer, anotando cada cosa, como si lo tuviera enfrente, para hacer sentir que nunca había partido.

Creo que seguir su ejemplo nos haría más sensibles ante el transcurrir de nuestros días, muchas veces llenos de rutinas, pero que en esas rutinas podemos encontrar magia y sueños.

Un día antes de su muerte que ocurrió el 26 de enero, se publicó una nota escrita por él a otro grande de las letras latinoamericanas, Juan Gelman, exiliado en México y que llevó una gran amistad con Pacheco.  José Emilio Pacheco se refirió así al gran poeta argentino: “Deja también en la poesía mexicana una huella radiante que no se borrará.” Son las palabras para Gelman, pero  yo retomo sus palabras y quiero que sean  también las palabras que deben reintegrársele, porque, en efecto, la poesía de José Emilio Pacheco deja en la cultura mexicana una huella imborrable.

 

A continuación, siete frases para recordarlo:

Todo nos interroga y recrimina. Pero nada responde. Nada persiste contra el fluir del día. Al centro de la noche todo acaba y todo recomienza.

El amor es una enfermedad en un mundo en que lo único natural es el odio.

En la costa se afirma que los cangrejos son animales hechizados. Son seres incapaces de volverse para mirar sus pasos.

—Y veo a los jóvenes corriendo sin parar por la vía franca, rumbo a la felicidad…

Imposible dar gusto a todos. La nieve que para mí es la diosa, la novia, Astarté, Diana, la eterna muchacha, para otros es la enemiga, la bruja, la condenable a la hoguera.

Por qué tienen que pegarle etiquetas a todo? ¿Por qué no se dan cuenta de que uno simplemente se enamora de alguien? ¿Ustedes nunca se han enamorado de nadie?

Y cada ola quisiera ser la última, quedarse congelada en la boca de sal y arena que mudamente le está diciendo siempre: adelante.

Hoy mi sabor a mar, está llena de Pacheco, de Gelman , con una promesa de leerlos para que sigan vivos….

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