ALEJANDRA BARRETO

Vivir una vida consciente es el reto más grande de nuestra época, saturados de información, de violencia, de prisa, de ruido, llenos de imágenes de perfección falsa olvidamos lo auténtico, nos olvidamos de nosotros mismos, despreciamos lo que tenemos, a veces lo que somos.

Nuestra actitud consiente o inconscientemente nos determina, tenemos expectativas muy altas en personas o proyectos, y no nos damos cuenta que son nuestros pensamientos los que nos dominan, que la realidad la creamos nosotros, todo existe en función de nuestra percepción. Es verdad, la vida no siempre es fácil, que nos afecta lo que le pasa a la gente que amamos, que la enfermedad y la muerte llegan tarde o temprano para todos, cómo decidimos enfrentarlo está en nosotros, cómo nos hemos preparado para esos momentos.

La vida es energía, todo lo que somos, el universo es energía, todo vibra,  paremos un poco a respirar, a ser consientes de nuestra propia existencia, de nuestra luz.

Parémonos un segundo a reflexionar, el mundo necesita nuestra paz más que nunca, sin juzgar, sin prejuicios, aceptándonos como somos, reconciliándonos con nuestro pasado. Vivamos en libertad, haciendo lo que nos llena el alma, lo que nos hace feliz, recordando siempre que todo es cambio constante, que la vida no se detiene, no nos espera a que decidamos vivirla, tenemos solo una oportunidad, disfrutémosla, la vida está pasando aquí y ahora.

Esta es una receta de un té que hace mi maestra de meditación, por lo cual lo relaciono invariablemente con mi lado espiritual, es digestivo, y es perfecto para sentarse, disfrutarlo y respirar profundo, en paz.

Té de Loyola

1 litro de agua

1 cucharada de anís en semilla

¼ cucharada de comino

Cáscara de una naranja

Jugo de limón

Piloncillo derretido al gusto

Hervir el agua con el anís, comino, piloncillo y la cáscara de naranja durante 10 minutos, apagar, agregar el jugo de limón y dejar reposar un poco.