Por: Maruja Esperante Lozano

Hace miles y miles de años, los dioses se reunieron. Vociferaron. Clamaron. Lloraron. Eligieron.

Las diosas llamaron a Vesta, la vistieron y perfumaron. Los dioses llamaron a Nuriel, lo vistieron y perfumaron. Cantaron en sus oídos los versos ancestrales y les cerraron los ojos con plumas de pavo real. Los durmieron con el elixir dorado y los colocaron en el claro del bosque de los mortales. Velaron su sueño y cuando amanecía, se retiraron.

Nuriel abrió los ojos y vio a Vesta. Vesta sintió dos flechas clavadas en los suyos y despertó. La mirada verde se estrelló con la negra y se produjo una muda explosión. Se colorearon de rojo y les vibró el vientre. Se incorporaron a la vez, despacio, en un solo movimiento. Alargaron una mano para hacerle trampa a la distancia de los pies. Los dioses contuvieron el aliento y el bosque se paralizó. Unieron palma con palma. Frente con frente. Labio con labio. Los dioses suspiraron con arrobo y en el bosque sopló un vapor humeante.

Los dejaron hacer. Permitieron que se descubrieran, que se olieran y enredaran. Se derritieron volviéndose agua. Se desgajaron volviéndose tierra. Exhalaron una bocanada unísona volviéndose aire.

Vesta y Nuriel se quedaron dormidos y los dioses no se impacientaron. Los rodearon y esperaron. Ellas tomaron la forma de las flores y ellos, las de las rocas.

Cuando los amantes abrieron los ojos y cruzaron la mirada, sintieron que el pecho se les había vuelto lava. Sonrieron y abrieron los labios para exhalar palabras hirvientes. En ese momento, las falsas flores y las falsas rocas abrieron las fauces y se tragaron el fuego. 

Los dejaron tirados en el bosque, hechos ceniza. 

Los dioses ascendieron llevando en las entrañas el precioso y único elemento que no podían crear. Solo uno de ellos miró atrás y se compadeció de la pareja despojada. Borró, con un soplido, la memoria de los amantes y los lanzó a extremos opuestos del mundo mortal.

Desde entonces, Vesta es una guerrera hambrienta y Nuriel, un sediento alquimista. Ambos, obsesionados en la búsqueda perpetuade encontrar un tesoro misterioso del que solo tienen una sospecha, una memoria íntima de que alguna vez lo habitaron y les fue robado.