ANA FUENTES

Parte de lo que hace interesante el trabajar como guía de turistas es el convivir con gente distinta en cada viaje. Puede ser que visites muchas veces los mismos lugares, pero cada visita es diferente, ya que cada viajero se interesa por algo nuevo, tiene una visión personal, mira con sus ojos de cierta manera y eso hace que cada día sea una aventura nueva y un reto, para poder darle a cada quién lo que viene a buscar.

Puedo decir, como no me canso de hacerlo desde que vivo aquí, Alhamdulillah, Gracias a Dios, he tenido experiencias positivas. He tenido viajeros lindísimos con los que no solamente he “trabajado”, sino que verdaderamente lo he pasado bien y hasta he hecho buenos amigos. Gente de todos lados del mundo, que en su paso por mi vida me dejan siempre algo, además de a veces una propina, jajaja.

De todo hay y de todo se aprende. Ahora que estamos creciendo mucho como agencia, tenemos gente trabajando para nosotros, que pasa por un estricto control de calidad en cuanto a que tiene que ser buenísimo en su trabajo, eso es por descontado. Nuestros choferes tienen que manejar perfecto, conocer los caminos súper bien, y ser muy experimentados. Las carreteras que van hacia el sur de Jordania, donde están los sitios que la mayoría de la gente viene a ver, como Petra, tienen mucho tráfico pesado, pues también van al único puerto mercante del país, y no tienen luces en la noche y hay topes que no están señalizados, de pronto cruzan animales (de dos y cuatro patas), entonces hay que ser muy abusado.  Los guías tienen que saber toditito acerca de los lugares. Pero no solo eso. Nosotros lo que hacemos es dar una experiencia de servicio. El chofer puede ser Schumacher y el guía puede ser un absoluto erudito, pero si tienen cara de huarache, son colmilludos y andan tras las comisiones en los bazares, son cochinones y les huele la bisagra o la boca; o no tienen el tacto para ver cuando la gente quiere platicar y cuando quiere que la dejen dormir,  con la pena, no pueden trabajar con nosotros.

Lo mismo va para el otro lado. Yo les garantizo a mis gentes, que los clientes que les mando no son prepotentes y horrorosos. Que la gente que contrata viajes con nosotros ya tuvo un trato previo conmigo o con mis socios y si vimos que son gente fea, que podemos literalmente contar con los dedos de una mano y nos sobran, los que hemos tenido, mejor pasamos sin ver y les recomendamos que busquen a alguien más.

Sobran las historias entre nuestros conocidos en estos trabajos que les ha tocado llevar en un tramo de carretera de cuatro horas a un señor que huele a rodilla (entre patas y cola) y que para acabarla se quita los zapatos. A señoras que de todo se quejan sin cesar, por cosas que ellos no pueden solucionar, etc. Ya estando en el brete, no te queda más remedio que tomar las cosas a risa y tratar de sacar el buey de la barranca lo mejor posible y finiquitar el asunto.

Por el lado de la organización de los viajes también no falta la gente “viva” que te pide itinerarios y veinte cambios y luego no es ni siquiera para decirte, no gracias. Se queda con el itinerario y trata de que se lo haga alguien más o de comprar algo similar por su lado, creyéndose muy “lista”. Eso es robarse el tiempo y el trabajo de la gente. Pero como dice mi papá, al que obra mal se le pudre el tamal y así les irá en la vida.

Me han pasado cosas chistosísimas. Hace poco un señor grande quiso tomarnos una foto a mi y a su esposa después de que yo les tomé una foto a ellos dos juntos. Que se agacha y se ha tirado un gas escandalosísimo. Yo me puse morada para aguantarme la risa. El también se puso de mil colores y luego se acercó a la esposa y comentaron el punto bajito, todos avergonzados. Yo me moría para no reírme.

No tan chistoso, hace poco tuve a unas señoras que ya eran grandes, tenían problemas para caminar, pero se empeñaron en ir a Petra. Hay que caminar. Hay carros de caballos, para la gente que no quiere o puede caminar, pero quién sabe qué sea peor, pues el piso no está parejo y los caballos van rápido, haciendo que los pasajeros reboten como chícharos en canasta. Se pasaron todo el camino diciéndome que cuanto faltaba, que les dijera exactamente cuántos pasos. Yo antes de ir les había dicho la distancia. Les enseñé una maqueta en la taquilla, les dije exactamente como estaba la jugada y luego se portaron peor que los niños chiquitos. A la salida quisieron carreta, pero no querían hacer cola. Otro berrinche. Pegaron de gritos por la rebotadera, que ya habían visto, se quejaron por la distancia en la carretera de regreso, como si fuera asunto mío, la señora más viejita se mareó en las curvas. No lo pasaron tan bien. Y por consecuencia, yo tampoco. Me habían pedido dos días salteados, un viernes y un domingo, y el sábado me mandaron un mensaje diciéndome que ya no se querían divertir. Que no querían más visitas.  Yo hasta me sentí aliviada porque tampoco me hacía ilusión repetir la hazaña, pero ya había quedado y además a un precio que no me convenía del todo, pero eran parientes de una amiga mía y no era cuestión de quedarle mal. A ellas no les produjo empacho el haberme quitado el tiempo, haberme hecho dejar de trabajar con paga completa en esos días y luego decirme que siempre no. En cambio, la vida me compensó, pues el día que me cancelaron, me tocó ir con una mamá y una hija sudafricanas a Jerash, y han sido de la gente más linda y más divertida que me ha tocado conocer. Una gozada. Disfrutaron inmensamente la visita, la comida, las compras, la platicada, nos reímos todo el día y nos quedamos tanto ellas como yo, con una sensación feliz al final y un recuerdo increíble del día que pasamos juntas. Así si baila m’hija con el señor.

Personalmente, mi principal “mercado”, son los mexicanos, pues tengo mucha gente conocida, amigos, amigos de amigos, agentes de viajes, y además, como local y como mexicana viajadorsísima, sé como nos gusta viajar a mis paisanos: con maletas grandes, que preferimos pagar nuestras comidas, pero comer rico, a diferencia de los europeos que prefieren traer todo pagado aunque les den un buffet en los hoteles de tres estrellas todas las noches y viajan con una mochilita mínima y reciclan la misma ropa todo el viaje. Que nos gusta bañarnos diario, que nos gusta en general la  comodidad. Después de los mexicanos también me ha tocado mucha gente latina, gente de Estados Unidos, españoles, franceses e italianos, hindús que viven en los países árabes, libaneses, australianos, tailandeses y sudafricanos. Ahí de repente algunas gentes de otros lados, y es muy interesante convivir y compartir e irle agarrando el modo a la gente, pues cada quién tiene su estilo personal, pero como grupo, hay características que identifican a los viajeros de distintos lugares. Por ejemplo, en general los españoles son coñodicientes y codos. De todo se quejan siempre, de que España está fatal, de sus parientes, de su ciudad, del Euro, de la política, por supuesto de todos los hoteles que escogieron y traen todo pagado y no quieren gastar ni medio centavo extra. Los ingleses en general tienden a ser más relajados y entusiastas, siempre que haya alcoholes, pero  las señoras ponen cara de huarache fácil y se acaloran pronto. Los franceses e italianos son cochinones, viajan con poco equipaje, muy organizados y últimamente tienden a tener ideas extrañas sobre la comida, al igual que los americanos. Nos ha tocado gente con estas loqueras de que son veganos, que quieren comer sin gluten y sin lácteos, que quieren espresso de máquina solamente durante todo el día y solo hacer una comida diaria…. Eso en Medio Oriente, donde la base de la alimentación es el pan y los lácteos, básicamente. En los pueblitos, pues se las ponen canutas, y conseguir un espresso de máquina en un poblacho por aquí, está más bien complicado, es Noescafé o café turco y tan tán.  Aprendes a preguntar, a que la gente no asuma que hay y quiera que produzcas cosas donde no existen. Aprendes también avisarles por adelantado cosas que es común que tengan ideas preconcebidas erróneas. Por ejemplo, la mayoría de la gente piensa en estos países siempre como el desierto con un calor tremendo siempre. Y se apersonan en Enero con el equipaje lleno de ropa de lino y shorts. Error gravísimo. Hay invierno y sabe hacer frío. Hay que avisar y preguntar.  Tanto de un lado como del otro no asumir nada.  El otro día me tocó un chofer que le parecía una barbaridad que lleváramos a los clientes a un restaurante X porque le parecía que era un sitio caro. En su experiencia, sus clientes siempre querían ir a sitios más baratos. Cosa de preguntar. Finalmente, era cosa de ellos y pueden ir a donde quieran y el podía comer en otro sitio mientras…Lo mismo, cuando estás trabajando hay gente que te invita a comer con ellos, que les gusta que te sientes y platiques con ellos, pero tu pagas tu cuenta. Hay gente que no. Que prefiere que comas aparte y los dejes en paz. Hay gente que te quiere invitar. Cosa de preguntar.

Me tocaron hace poco unas gentes de México, recomendadas por una muy amiga mía, que me pidieron que les organizara unos días aquí. Como que no sabían bien de qué la giraba yo, y me dice el señor que de ser posible, si se acostumbrara, le gustaría que los acompañara yo en el viaje. Le dije que claro, que con mucho gusto, pero pues que eso se cobra, como servicio de guía. Me dijo que a todo dar. Y luego como que lo pensó y me  preguntó que si me tenía que pagar la estancia en los hoteles. Me dio risa, pobre. Le iba a salir carísimo el chistecito. Le dije que si quería invitármelos, pues le agradezco, pero que de ninguna manera- eso sí que no se acostumbra-, eso es cosa mía y ya está dentro del precio por acompañarlos, mi alojamiento las noches que haya que pasar fuera de mi casa, faltaba más.

En fin, son gajes del oficio y son oportunidades de conocer. El trato con las diferentes personas es lo que hace de este trabajo algo nuevo cada día. Es una oportunidad de hacer que alguien tenga un día padrísimo y que tenga unas memorias increíbles para siempre y la satisfacción de ver a la gente contenta es lo mejor que te puede pasar.

Salam!