Señor Presidente; usted dijo «le pido a las feministas, con todo respeto, que no nos pinten las puertas, las paredes…” Le pido, señor Presidente, con todo respeto, que si no va a dar soluciones concretas de cómo su gobierno piensa acabar con los feminicidios, que no abra la boca. Porque esto no es un tema de respeto, porque si lo fuera, no estaríamos gritando por nuestras vidas; no habría necesidad. Nuestro México está siendo balaceado, cada feminicidio un disparo más. Ya no alcanzan los dedos, ni las rifas ni las distracciones para contener esta hemorragia, el país se está desangrando, y la sangre derramada huele a mujer, mujer inocente, mujer asesinada por ser mujer. Esto no es un tema de feministas ni culpa del neoliberalismo, no hace falta una constitución moral ni pedir las cosas porfavor, esto es culpa de la terrible impunidad con la que prometió que acabaría. Pero a falta de promesas cumplidas y de miles de vidas inocentes cobradas los monumentos a la patria se pintan, se rayan, se queman y esto causa más enojo que las vidas perdidas a las que ya no representan; me parece increíble que la destrucción del patrimonio material indigne más a una persona que la destrucción del patrimonio humano, la matanza de su propia gente. ¿De qué sirve el Ángel de La Independencia cuando ya no representa libertad?, ¿De qué sirve un gobierno que ha perdido el control?, ¿De qué sirve ser buena ciudadana si puede que mañana me maten por ser mujer? De nada sirve. Así que seguiré pintando todas las paredes que encuentre, destruyendo monumentos que han quedado obsoletos, gritando por mi vida y por todas las que ya no están pero por todas las que todavía quedan, porque en algún punto espero que el grito sea tan pero tan fuerte, que ni usted, Señor Presidente, ni mi México, nos puedan seguir ignorando. Porque yo no escogí ser mujer, yo no escogí ser mujer en un país feminicida, pero no lo cambiaría por nada.

-Isabela