Por: Maruja Esperante

Fray Prometeo tiene sed pero no pide agua. No va a darles el placer de negársela. A Fray Prometeo le sangran las muñecas pero no profiere ningún lamento. No va a darles el placer de gozar con su dolor. A Fray Prometeo le pesan los grilletes que lo encadenan al muro de la sucia mazmorra, pero se niega a recostarse en el suelo para que no crean que está vencido.

—¡Tahtli! ¡Tahtli!

Aprieta los dientes al escuchar esos gritos llamándolo desde la calle. ¿Qué cruel destino les espera a mis amados indígenas sin miprotección? Dios, solo te pido que no los abandones, no te pido nada para mí. Fray Prometeo cierra los ojos, llora y reza durante horas hasta que los gritos cesan. Dios mío, ¿has intervenido? ¿Has inflamado de piedad los corazones de esos soldados? ¿Has iluminado su entendimiento? ¿Has salvado a los niños y a las mujeres? Fray Prometeo calla para escuchar la voz de Dios. Dios también calla. Se desploma en el suelo.

—¡Fray Prometeo! ¡Fray Prometeo, levántese!

—¿Para qué le pides que se levante? No ves que no puede.

—Tiene que escuchar la sentencia de pie. Eso manda la ley del rey.

—Ten un poco de piedad, Hermes. ¡Guardia! Traiga un poco de agua para el fraile. 

—¡Ya no es un fraile! Ya no es nada.

—Fray Prometeo, despierte, beba un poco de agua.

—No le trates así, no sea que te acusen a ti también de traición.

Fray Prometeo abre lentamente los ojos y reconoce las manos piadosas que lo acompañaron a su prisión. Recibe el agua y la bebe despacio. Una violenta arcada expulsa el escaso contenido de su estómago.

—¡Qué asco! Me has manchado las botas. ¡Ahora verás!

— ¡Déjalo, Hermes! Tú solo eres el mensajero así que no te atrevas a tocarlo. Lee la sentencia y vámonos. No soporto este lugar.

—Fray Prometeo de Benavente y Soto: En los primeros días del mes en curso, Su Majestad el Rey, inició proceso judicial en su contra por acusaciones de desobediencia y alta traición. Desobediencia por haber otorgado a los indígenas el conocimiento, contraviniendo mandato expreso. Por enseñar a lossemihombres el uso del alfabeto, el trabajo con los metales y las propiedades de las plantas medicinales que conocemos. El saber soliviantó el ánimo de los nativos, por lo que se procedió a amonestar al acusado quien se atrevió a responder “la conquista y evangelización de los indígenas no implica su esclavitud”. Se le prohibió todo contacto con los indios y se le advirtió que este tipo de acciones serían consideradas alta traición. Mas, lejos de enmendar su conducta, el acusado la radicalizó aún más encendiendo el ánimo de los nativos al hablarles de la quimera de sus derechos humanos, provocando revueltas aisladas en diferentes puntos de la ciudad. Por todo lo anteriormente expuesto, su Majestad el Rey declara a Fray Prometeo de Benavente y Soto culpable de alta traición y lo condena a permanecer encadenado en prisión hasta el fin de sus días.

A Fray Prometeo le tiemblan las manos pero aprieta los puños para que ellos no lo noten. Siente la frente perlada de sudor y un dolor intenso le perfora el estómago.

—¿Tienes algo que alegar en tu defensa? Por consideración a tu hábito, el rey podría mostrar piedad si reconoces tus faltas y prometes enmendarte. 

—¡Vamos, hombre de fe! Muestra humildad y pide perdón al rey. Podrás salvarte.

Fray Prometeo respira hondo y espera la voz de Dios. De pronto, se siente mecido por una brisa suave, un agradable calor lo cobija y percibe que el muro de piedra se ha convertido en un mullido almohadón. Su corazón se ilumina y abre los labios con una sonrisa:

—Los indios no son bárbaros, tienen alma. Nuestra presencia en estas tierras no es legítima. Dios está de su parte. Digan al rey que esa es mi respuesta.

Hermes patea el vientre del hombre desplomado y le abre una herida a la altura del hígado.

—¡Guardia, abre la verja! Cura sus heridas todas las noches, y por la mañana golpéalo en el mismo sitio. El rey manda una muerte lenta.